«Éste cuarto es muy pequeño para las cosas que sueño» Mecano, aire.
Mañana, o quién sabe cuándo, ni cómo ni a dónde veré con asombro cómo mi existencia se ha resumido a unas cuántas cajas y un par de maletas. Sabré entonces que es el momento de abrir las alas a lo incierto, de habitar un nuevo espacio porque el que ahora habito se me ha adherido tanto a la piel y al esqueleto que apenas respirar es soportable.
Me imagino a mi hogar nuevo, esperándome con puertas abiertas y brindándome como perpetuo regalo de bienvenida crepúsculos a manos llenas y la danza infinita de los astros en el cosmos nocturno a través del cristal de la ventana. Lo imagino poblado de plantas en algunos rincones imponiendo tímidamente el milagro de la fotosíntesis sobre el blanco de las paredes. Lo imagino testigo y anfitrión de reencuentros felices con mi progenie (llegando desde el otro lado de la distancia) en torno al rito de la cena y de conversaciones interminables al calor de algún café recién colado, con mi familia elegida. Y me imagino incluso dejando ir miedos y sudores mientras una tibia lluvia me recorre entero bajo la ducha haciendo que todo duela menos.
Y mientras voy poniendo cosas, sueños, recuerdos y mi vida en orden, cierro los ojos y espero a que tu soledad y la mía lleguen a hacerse compañía permanente en éste, mi nuevo rincón del universo. Algún día, no muy lejano en la vastedad del tiempo. Eso espero y te espero.
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