CAPÍTULO I
Por: Andrés Figueroa

Amigo lector, le doy la bienvenida a este espacio que estará dividido en varios capítulos donde estaremos recorriendo el camino del metal. Iremos explorando los distintos episodios de esta gran historia que abarca varios lustros, pero no nos detendremos en los espacios más conocidos de este género musical, sino que nos adentraremos en las catacumbas más oscuras y recónditas, a donde pocas veces llega la luz y el espíritu humano es vencido por la locura, despertando así en un nuevo universo y plasmando en su piel las más inverosímiles historias en las que los mitos y las leyendas fecundan la mente humana.
No existe una sola forma de llegar al metal, ni tampoco una sola visión acerca de lo que significa la experiencia de vivir esta dimensión cultural. Cada uno lleva su viaje armado con el arsenal que, mediante la lectura y horas y horas de audio, puede ir acumulando en todos los sentidos. Tampoco podemos representar el metal como una línea recta que nos lleva de un punto A, a un punto B. El metal es una experiencia multidimensional que incorpora toda la esencia del ser humano que decide vivenciar todas las variables que componen esta compleja forma de vivir el universo.
Así pues, adentrémonos en los confines de los 9 círculos de Dante. Podríamos empezar por decir que puede que exista un género de metal por cada persona que ingresa en sus filas. Cada uno de los géneros puede tener características muy personales que al momento de escucharlo, la persona se identifique casi al instante en las líricas, los sonidos, la estética y todo el trasfondo del género. No es menester en este espacio mencionar todos los subgéneros pertenecientes al metal, pues eso podría ser parte de una nueva serie. Sin embargo, podríamos mencionar algunos de ellos, como pueden ser: el heavy metal (uno de los más conocidos), thrash metal, black metal, death metal, gothic metal, entre otros. Todos estos incluyen desde lo lento, melancólico y culto hasta lo rápido y extremadamente técnico, con una amplia variedad de voces, las cuales se encuentran dentro de toda la tipología vocal (y en algunos casos fuera de ella), con diferentes rangos, tesituras, timbres y flexibilidades. En cuanto al sonido, podríamos decir que se encuentra arraigado en lo popular la creencia de que el metal es solo gente haciendo ruidos inaudibles, lo cual difiere mucho de la realidad, pues en la mayoría de los casos, hacer metal requiere de un gran manejo técnico de los instrumentos musicales, que en ocasiones lleva años, no solamente de práctica, sino también de enclaustrarse en conservatorios universitarios donde se pulen los músicos (situación que ocurre mucho en los países escandinavos). Suramérica es de otro material, por decirlo de alguna manera. Es muy complicado incluir dentro del pentagrama todas las notas, sus diversas variaciones y efectos electrónicos que componen un tema, así como hacerlo sonoro al oído del público metalero. No cualquiera triunfa en el mundo del metal. No es que eso importe mucho dentro de las bandas, al menos al principio, pero sí es de la mayoría acumular un prístino séquito de oyentes expectantes del viaje que se proponen iniciar al momento de darle play a la canción o al pagar la boleta de un toque (concierto).
Es importante reconocer que el metal no es solo música representada en los subgéneros y en los subgéneros de los subgéneros. Es un estilo de vida que incluye todas las artes: cine, escritura, pinturas, esculturas, fotografía, teatro, entre otras. Cada una de ellas, por sí misma y en una suma de algunas o de todas a la vez, representa y vive en el metal.
La historia del metal es tan rica y a veces confusa que todos podemos tener una versión diferente de cómo empezó, de quién influenció a quién, de quiénes son las bandas más importantes. A lo largo de estos capítulos estaremos escudriñando algunos pasajes de la misma, enfocados en bandas representativas, icónicas o anónimas que en su momento dijeron ¡Fuck! E hicieron lo que les vino en gana. Síganos y recreen sus oídos en las notas más incólumes del metal. Y trayendo a colación una frase cliché: ¡LARGA VIDA AL METAL!

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