LETARGO

De: Dayan Carrión

Hay escritores que ni por complacencia defienden la poesía; afirman que se trata de versos sin razón, un montón de palabras ensambladas a la de Dios con dudoso sentido dialéctico… cual prima fea de una canción sin música. Y eso es verdad.

Un realista distraído siempre culpará a la Existencia de ser cruel e injusta, una agobiante pena cuya evasión u omisión es imposible sin que resulte alguien lastimado. Demasiado dolorosa para unos individuos tan frágiles. Y eso es verdad.

Y si alguien autentica un tratado donde establece que la fórmula de Dirac no da como resultado un sistema único sino dos sistemas independientes siendo la ecuación del amor en realidad la del divorcio porque así lo soñó anoche en su camarote, pues ¡Eso también será verdad! Por fortuna no se trata de tu verdad ni de la mía, sino solo la suya.

En dado caso, elige una de dos: Respeto/Estanque (Permítase hacerse loco y fingir que no se acaba de oír tremendas aseveraciones haciendo reserva de posibles comentarios sin agregar ni suprimir) o Respeto/Río (Vincúlese a la discusión directa por la extrañeza de tales afirmaciones para contemplarle y conversarle en función explícita de la comprensión/descarte, evitando el vilipendio). Nótese que el respeto hacia los sujetos es imprescindible, es el cimiento fuerte. Lo que cambia es la acción junto a sus analogías, pasividad (Estanque) y actividad (Río).

Procura comprender que generar conflictos con otro humano puede llegar a ser un hábito desastroso si el resultado es la autoaflicción, el letargo de herir daña a ambas partes. Si la problemática es un medio de aprendizaje, entonces todo chévere.

Imagínalo. Aquel que te genera malestar, EL INCOMPRENDIDO (es cualquier individuo que comparta sus ideales personales), allí está, como si fuese un estanque. Nota tú lo que puede mejorar, mira cómo se siente a gusto dentro de su quietud, no va a ningún lado, solo está, permanece sobre sus preceptos ¿Qué conseguirás atacando al estanque? ¿Plenitud al humillarlo? No, ese ego inmaduro no lo necesitamos por aquí. Ignóralo u obsérvalo, siempre con tranquilidad.

El incomprendido es también un río. Se mueve y trata de empujar lo que pueda, especialmente las convicciones de otros. Aquí sí es más entretenido ir contra la corriente, solo que sin violencia. Tratar de interpretar al incomprendido puede llegar a [lamentablemente] descartar la posibilidad de anhelar su compañía, o también, confiando en el Señor, descubrir que su discurso, aunque con fragmentos estúpidos, puede tener un encanto llamativo. Disculpas por lo de «estúpidos»; ser respetuoso no excluye el ser honesto. Cuestiónale y/o confróntale, siempre con tranquilidad.

Ya lo dice el Regina Cæli, «Gaude et lætare»: Gózate y alégrate; desde el suspiro y el silencio, no trastocando al absurdo o balbuceando al incordio, pues serías algo peor que un inculto. Es preferible alegrarte bajo las cómodas cobijas de la tranquilidad y alegrarte al comprender. ¿Quién quiere felicidad cuando se tiene tranquilidad? Incluso puedes hallar ambas solo acudiendo a la última.

Siempre hay que tomar partido cuando se trata de alguien más expresando lo que hay en su mente; las manos y la lengua del ignorante son delicados. La neutralidad es para los jueces. Y tu opinión unida a la razón es decisión vigorosa.

Evita el letargo de herir, cuando te haya consumido ya no habrá medicina para curar el remordimiento de la acción que nunca se ejecutó ni en sonidos, ni en letras, ni en voz, y que, por el contrario, quedó de alimento para la culpa.

Los recuerdos que atormentan no se sienten bonito.

Apoya a nuestros escritores donando en el siguiente link de VAKI:


Deja un comentario

Descarga la columna a continuación:


Sobre el autor:

BUSCA COLUMNAS POR ESCRITOR

Deja un comentario