Por: Jonathan Niño

Queridos lectores,
Hablemos de algo que nos afecta profundamente a todos: la comunicación en la familia. Si lo analizamos de cerca, no se trata simplemente de un intercambio de palabras, sino del tejido invisible que une nuestros corazones y almas en un vínculo indestructible. Permítanme compartir algunas reflexiones y experiencias sobre este tema tan significativo, que quizás hoy en día haya perdido valor debido a la falta de respeto y otros factores.
Recuerdo las noches en las que nos sentábamos alrededor de la mesa con mis padres y hermanos, compartiendo nuestras alegrías, tristezas y sueños. Esos momentos de conexión genuina, donde cada uno tenía la oportunidad de hablar y ser escuchado, eran los pilares de nuestra familia. Aprendimos que la comunicación va más allá de las palabras; implica escuchar con el corazón abierto y expresar nuestros pensamientos con sinceridad y amor. Sin embargo, en la actualidad, cada uno cena en una parte diferente de la casa o tiene el celular casi pegado al plato. Lamentablemente, ya no compartimos de la misma manera, apenas conversamos sobre nuestras vidas. Entiendo que cada individuo tiene sus luchas, preocupaciones y momentos de silencio, pero sinceramente, no solo en mi caso sino en el de muchos hogares, esta es la realidad. Hemos construido muros en lugar de puentes.
No subestimes el Poder de las Palabras. Mi abuela siempre decía: “las palabras tienen poder”, y es cierto. Las palabras tienen el poder de sanar o herir, de unir o dividir. A lo largo de los años, he aprendido la importancia de elegir mis palabras con cuidado, especialmente cuando se trata de mis seres queridos. Recuerdo una vez que mis palabras hirieron permanentemente a mamá porque dije cosas con mucho mal genio, o cuando tuve que hablar con mi papá y decirle esas cosas que siempre había guardado y no había sacado porque tenía miedo de cómo las iba a tomar. Sin embargo, era necesario decirlo. Fue un momento de aprendizaje doloroso, pero me enseñó la importancia de comunicarme con amabilidad y compasión, como él mismo dice: “así sea a sus papás, hay que decirles la verdad sin ser groseros”. Así aprendí que de la abundancia del corazón habla la boca.
Y es que seamos honestos, muchas veces queremos pasar por los más fuertes del hogar, de la familia o de la relación, y a menudo fallamos. La comunicación efectiva en la familia requiere valentía y vulnerabilidad. Significa abrir nuestro corazón y compartir nuestras esperanzas, miedos y sueños más profundos. Recuerdo la primera vez que compartí mis preocupaciones con mi familia; aquel día les contaba que había tratado de suicidarme por no hablar muchas cosas que tenía entre pecho y espalda. Yo temblaba de miedo, pero su amor y apoyo incondicional me dieron la fuerza para seguir adelante en la conversación sin pena ni miedo a ser frágil y mostrar mi vulnerabilidad. Aquel día descubrí que al compartir nuestros miedos y esos momentos de debilidad, nos permitimos fortalecer nuestros lazos familiares y acercarnos aún más. Así logramos evitar que incluso papá, quien normalmente se ve tan fuerte e indestructible, llore y muestre su vulnerabilidad cuando es necesario, y explore esos sentimientos o saque eso que tanto duele o emociona sin temor a ser juzgado. En mi experiencia, puedo recomendar que no con cualquiera se puede mostrar esa vulnerabilidad, pero es justo y necesario hacerlo en su momento.
Como todos los seres humanos cometemos errores en el camino de la vida y de la comunicación familiar. A veces decimos cosas de las que luego nos arrepentimos o no expresamos lo que realmente sentimos. A veces simplemente no decimos las cosas en su momento y cuando tenemos todo acumulado decimos cosas de tal forma que suenan muy mal o hacen sentir a las otras personas peor de lo que sentimos. Sin embargo, cada error es una oportunidad para aprender y crecer juntos. Recuerdo una discusión acalorada que tuve con mi hermana donde dijimos tantas cosas que solamente lograron herirnos. Después de enfriar los ánimos, nos sentamos y hablamos honestamente sobre nuestros sentimientos. Reconocimos que la mitad de lo que habíamos dicho no tenía sentido o no expresaba lo que realmente queríamos decir. Nos pedimos disculpas y dejamos claridad frente a varios temas que jamás volveríamos a tocar, mucho menos de la forma en que habían fluido aquel día. Fue un momento de conexión profunda que fortaleció nuestra relación y que seguramente nos servirá para escuchar mejor a nuestros hijos en el futuro.
En cada familia, cada uno tiene su propia voz y perspectiva única efectivamente. En la nuestra aprendimos a celebrar nuestras diferencias y a valorar las opiniones de cada miembro. Recuerdo las noches en que debatíamos sobre temas importantes, desde música hasta qué película ver en familia. Aunque a veces discrepamos, siempre nos escuchamos con respeto y amor y llegamos a acuerdos como cada uno pone una canción que le guste y escucha lo que los demás coloquen sin molestar o cada quien propone una película y lo dejamos a votación para hacer más imparcial el asunto; en conclusión lo importante no es el problema sino la posición y las soluciones que buscamos para mejorar la comunicación y la unión familiar, al final del día eso es lo que importa tener una buena relación y compartir esos pequeños momentos que tenemos dado que nuestros padres ya no tienen la misma vitalidad de hace algunos años y nosotros ya no somos los mismos niños que necesitamos que nuestros padres solucionen todo; ahora debemos ser parte de la solución y que mejor si cada vez que nos vemos podemos pasar un rato agradable.
En última instancia, la comunicación familiar es un viaje de amor, aprendizaje y crecimiento mutuo. A través de nuestras palabras y acciones, creamos un espacio donde todos se sienten vistos, escuchados y amados. Mi deseo más profundo es que nuestra familia y la tuya siempre sean un refugio de amor, donde la comunicación sea el puente que nos une en un abrazo eterno. Generemos más lazos inquebrantables que familias disfuncionales.
Hasta la próxima lección, queridos lectores.


Ayúdanos apoyando a nuestro escritores donando en el siguiente link de VAKI:
Descarga el escrito en PDF a continuación:
Sobre el Autor:

Columnas recientes
Busca Columnas por Autor






Deja un comentario