De: Emabar el Sofista

La filosofía tiene raíces eminentemente ontológicas, cuyo objeto es el estudio del ser en cuanto a ser y el pleno desarrollo evolutivo del hombre. Así como la luz del sol ilumina los verdes pastos en la primavera, es ahí donde se refleja la esencia del ser humano como una constante evolución que redime su existir e ilumina el horizonte del ser. El hombre es una constante búsqueda tanto de conocimiento como de proyección; su esencia misma es aquella fuerza interna que lo motiva hacia el sentido de la vida. ¿Es el ser una continua búsqueda hacia el horizonte de proyección?
Todo ente natural, al igual que el universo, trasciende para sí, por lo cual «la esencia del ser la representa una constante búsqueda hacia la proyección del sentido, evocando de forma sublime al hombre a descubrir el susceptible horizonte de la evolución de sí». Kierkegaard afirma: «La humanidad es una creación emanada por Dios, arraigada en la conciencia eterna; por tanto, cada ser tiene un objeto por el cual fue creado para vivir y otros lo vivan». Cada ser fue creado con un objeto de pleno desarrollo; el simple hecho de percibir la naturaleza externa nos hace retener en nuestra memoria que cada cual tiene un objeto de creación sustancialmente con su capacidad en pleno desarrollo intelectual.
Por otra parte, Albert Camus dijo: «Algo tiene sentido y ese algo es el hombre». En todo ser se concibe la capacidad del sentido del existir, cuyo fin es abatir los factores de absurdidad que lo oprimen en su pleno desarrollo vital. Jean Paul Sartre afirmó: «El reconocimiento del otro como ser es una estructura del ser humano; por lo cual, el otro se concibe como sujeto, mas no como objeto». El mundo se nos muestra como el espejo de lo que reside en nuestro mundo interior, como sujetos de pleno sentido, mas no como una materia en estado vegetal sin carácter alguno o fin último; la sociedad se redime a medida que se reconoce a los otros de la misma forma como yo me reconozco un sujeto con sentido.
Heráclito, un pensador clásico, dijo: «El hombre es constante cambio y evolución». Así como el firmamento evoluciona tal y como lo percibimos, el ser también se refleja en él, puesto que así como se rige por leyes físicas y matemáticas, el hombre conduce su vida con el horizonte de la evolución de sí. Martín Heidegger sostiene: «La concepción del ser está sustancialmente con el tiempo, y no existe un juicio universal para este precepto». En filosofía no hay criterio universal, más aún criterios de certeza; no existe un criterio que define lo que es el ser, pero sí bien este se vale de Espacio-Tiempo para su desarrollo, cada esencia de ser es un universo que se rige por sus leyes preceptas.
Richard Dawkins dijo: «La selección natural ocurre a nivel genético y no a nivel de especie o individualidad». El ser humano es evolución histórica de salir de las cavernas y liberarse de la supervivencia, de abandonar las manadas para construir civilizaciones, ha sido de la mano de la evolución biológica al ser «Homo sapiens sapiens», la especie con mayor desarrollo evolutivo de sus demás ancestros homínidos.
Psicológicamente, se deduce: «El ser se entiende como un individuo que tiene consciencia y que va aprendiendo a través de sus experiencias a sobrevivir». Cuando el hombre deduce dialécticas internas y externas con su propia naturaleza puesta en escena, se autoconstruye y forja lo que autoconstruye de manera sublime. La esencia del hombre está enmarcada para la evolución constante de su existir y reedificar su ser.

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