Por: María Victoria Osorio Ardila.
“Vivimos en una era en la que la propia verdad es objeto de un ataque sin precedentes,
en la que las mentiras deliberadas se enmascaran bajo la acusación
de que los mentirosos son quienes las desenmascaran.
Vivimos en la era del mundo al revés.”
SALMAN RUSHDIE
Los Lenguajes de la Verdad.

No es mi área, ni es mi interés escribir en el campo de la opinión o la denuncia, pero definitivamente los vergonzosos desastres, exigen en determinado momento una reacción ante los desbordados actos indignantes y denigrantes.
Para empezar, es un desastre total, cuyo riesgo tal vez se avizoraba y no se logró impedir. La descomunal oleada de acciones saboteadoras le han obligado al actual gobierno a desviar la atención de su verdadera labor para defenderse de los ataques semanales que fabrican los que se resisten a las convenientes transformaciones.
Al mejor estilo del personaje JOSEF K., El Proceso de Kafka, el mandatario colombiano recorre los laberintos absurdos que sus oponentes hábilmente atraviesan en su camino, aquellos que no superan y sufren aún el doloroso ardor que los resultados electorales impuestos por la decisión democrática que señaló el nombre para el alto cargo nacional.
También, es un desastre rodearse de funcionarios y personas incompetentes, ineptos y corruptos que parecen más los opositores, enemigos, que funcionarios comprometidos con el gobierno y obvio con el país.
De Kafkiano, se podría calificar este tsunami de catástrofes, transformadas en noticias escandalosas que alimentan los medios amarillistas. Los mismos medios que se deleitan ante el hundimiento del país y un aparente fracaso de un gobierno del que todos despotrican, del mismo gobierno que un número, no despreciable votantes, hoy le dan la espalda y niegan como lo hizo aquel famoso apóstol que negó al Mesías.
¡Ojo! Sin comparar, ni menos atribuir poderes divinos a quien propuso un cambio ante un país destrozado, a sabiendas que la feroz sociedad farisea impediría a toda costa la recuperación del país que dicen tanto amar. Tal como Judas, otro apóstol del que ya sabemos su historia.
Definitivamente, es un desastre el desgaste de energía que implica la avalancha de mentiras, engaños y actos de corrupción. Mejor dicho, la resistencia al cambio, el miedo a que les arrebaten el negocio construido durante décadas desangrando el Estado y despilfarrando los recursos de todos.
Se tambaleó la fuente, la gallina de los huevos de oro (erario público)se atascó, entró en pánico escénico, más de uno y sus talentos, de repente reaccionaron al servicio de la mentira, el fraude y la corrupción. Otra debería ser la realidad, si todas esas habilidades se canalizaran positivamente a favor y no en contra del bienestar común.
Era un riesgo y una osadía pretender que un mandatario con una propuesta diferente llegara a cambiar este país azotado por la corrupción y otros males. Alguien que pudiera gestionar tanto desastre. Imposible salir de la inmundicia, cuando la inmundicia sigue al acecho y, los dueños de la fábrica de sabotajes, no tienen descanso en la ejecución de sus malévolos planes.
El problema es que en el desmedido afán de dañar y sabotear, arrastran como derrumbes sin freno a las comunidades. De paso, siembran la idea tergiversada a la opinión pública que el origen de los problemas es reciente, para desviar la atención y mantener a los ciudadanos en la enajenación mental acostumbrada e impuesta desde hace décadas, para que los corderitos no pierdan del sendero marcado y engullan el cuento entero.
En esta maleza de desastres, existe otro mini desastre que pretende pasar desapercibido, pero es sin duda otro acto de corrupción deleznable. Un delincuente ejerciendo la defensa técnica de otro delincuente. ¡Hasta dónde hemos llegado! ¿Qué otro desastre debemos tolerar?
La profesión de abogado litigante, una de las labores más desprestigiadas, no levanta cabeza. Pues quienes tienen el deber legal y constitucional de controlar, vigilar, investigar y sancionar, tampoco cumplen sus funciones y de manera inexplicable un delincuente con tarjeta profesional ejerce libre y orondamente la abogacía. Un exconvicto, un manipulador, un estafador. Aquel que hasta hace poco vestía un mameluco unicolor en una cárcel extranjera, hoy de regreso al país vestido de saco y corbata retoma el litigio y apodera a otro sin vergüenza.
¿Será que entre la misma especie de maleantes se entienden? ¿Será que los une el mismo amor por los recursos públicos? ¿Será que comparten estrategias para desfalcar al Estado?
¿Será que se puede calificar como ética la intervención de un abogado con tarjeta roja, de dudosa reputación por actuaciones que le valieron una irrisoria condena penal? ¿Será que aún conserva amigos en las altas cortes, como los que después fue y lanzó al agua y por eso la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, hizó de la vista gorda y no lo sancionó disciplinariamente? ¿Será que firmaron un auto inhibitorio y le perdonaron tremenda catarata de desastres al MORENO?
Lamentables son los desastres que este país soporta. Los desastres naturales que se quedaran sin atención, porque los recursos fueron a caer en las manos de un grupo de criminales cínicos y descarados que pretenden evadir la responsabilidad de sus actos, con el aval de una alcahueta y ciega justicia administrada por magistrados que con ramplonería giraron la cabeza para seguir castigando ejemplarmente solo, las falticas inanes de los abogaditos. Para seguir regurgitando extensas sentencias en contra de los litigantes de a pie, los que trabajan para mantener a sus familias a través del ejercicio de una profesión liberal desprestigiada. Una profesión con abogados graduados en garajes. Un país que reparte tarjetas profesionales emulando el milagro cristiano de la multiplicación de los panes. Y luego exigen comportamientos éticos con los clientes, sin entregar desde la academia las herramientas para tan alta pretensión.
Más escalofriante el caso de los letrados licenciados de prestigiosas universidades con innumerables títulos que acceden a cargos públicos y se dedican a conformar carruseles de contratación, corrupción, soborno, manipulación de procesos, direccionamiento del reparto (para nombrar algunos de los múltiples fraudes que cometen). Ni que decir, de los jueces prevaricadores de todos los niveles, investigados por sus compadres iguales o peores que dejan vencer los términos o firman fallos inhibitorios para tapar sus pestilencias.
Es un verdadero desastre que la Comisión Nacional de Disciplina Judicial conformada por las, supuestas, más altas lumbreras del derecho en Colombia, no quisieron cumplir con su deber y sencillamente NO sancionaron disciplinariamente a un abogado corrupto, conforme la Ley 1123 de 2007, a pesar de los bochornosos hechos y las abundantes pruebas que apuntaban a un castigo inobjetable.
Sin duda un mal ejemplo y un negativo mensaje para el colectivo de abogados litigantes. Mientras tanto, a diario, se abren expedientes a profesionales del derecho, por insultar al juez o a las contrapartes y los Magistrados con astronómicos salarios a la luz de los mortales, se dedican a imponer multas o suspensiones a los juristas por faltas menores o de mínima relevancia, comparados con los hechos que todos conocimos, protagonizados por LUIS GUSTAVO MORENO RIVERA; El ex convicto que ahora luce de gran jurisconsulto y apodera a otro funcionario que llegó al cargo sin méritos y en menos de un mes descuartizó y repartió, a diestra y siniestra la cartera, que riesgosa e inadecuadamente se le encargó.
Olvidan los señores magistrados y los entes de control, que los funcionarios son responsables por acción y por omisión, que ellos tenían la obligación y el deber de investigar y sancionar a quien ejercía como abogado y funcionario público, merecedor de inhabilidad para ejercer cargos públicos por 20 años, sujeto disciplinable benemérito de la máxima sanción, cancelándole de por vida la tarjeta profesional. Contrario a esto, la entidad disciplinaria, le premió con el perdón y olvido. Otro delincuente beneficiado con la “amnistía”. Ahora, su poderdante, sufragará los honorarios profesionales con los recursos que de manera indebida e ilegal se apropió en la UNGRD.
Este desastroso escándalo pasará a formar parte de la colección de impunes delitos que ya no causan siquiera indignación, el pueblo está tan acostumbrado a que los recursos se evaporen, que la solución a los desastres se resuelve con recolectas, rifas, vakis, teletón y mercaditos, mientras que los recursos dispuestos para tal fin, reposan en paraísos fiscales
o financian honorarios profesionales a indignos representantes de la abogacía, que sumergen a la profesión aún más y más en las cloacas, como hacen los hermanitos MORENO RIVERA, con el aval de su juez natural: LA COMISIÓN DE INDISCIPLINA JUDICIAL, antes CONSEJO SUPERIOR DE LA JUDICATURA, la misma alta corte que, otrora, albergaba a los secuaces de LUIS GUSTAVO MORENO.
Este panorama nacional produce náusea. Por eso prefiero sumergirme entre los libros para evitar una migraña. Pero son tantas las calamidades que, inevitablemente, interrumpen la tranquilidad hasta del más apasionado lector, generando que los efectos nefastos del terremoto informativo y la realidad insoslayable, impulsen al desenfreno por expresar el dolor y la desolación frente a tanta desvergüenza.
Ante el último escenario, no sé si reír o llorar. La nueva ley matemática: si corrupto defiende a corrupto da como resultado la impunidad al cuadrado.
En conclusión, estos son los paisajes escalofriantes de un estado fallido, sumergido entre la inmundicia resultante de los riesgos y desastres de las malas decisiones administrativas y morales. desastres, sin dolientes, herederos de una tierra sin Dios, ni ley.


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