Por: Adriana Herrera
Acto Primero
Sendero incierto
que a descalzas tiento
atravesando musgos
y un pequeño riachuelo
Sin advertir el tiempo
me apresuro a lo que será
nuestro primer encuentro.
En silencio concurro.
Acto Segundo
Ahí están
¡Tus ojos!
Cual Hefesto en el limbo
atravesando mi cordura
la poca que confieso
le permite la locura
Mi amor
Yo he de dedicarte mi redención
esperando me liberes
de la condena
de no poseer tu amor.
Y así
como ecos melodiosos
nuestros sonidos exhaustos
se funden con el sonido del viento
Alcanzamos la gloria
y en súbito levitar
a lo lejos diviso
un ave de paso
curiosa cómplice
volviendo a su hogar.
Sobre aquel herbaje
la pena
se acerca
y la felicidad
presurosa
se engalana de despedida.
Acto Tercero
Puñal a traición
como advertir que las perfidias
no revisten huellas
Tus ojos miran al cielo
miras a aquel perpetrador
en vano exclamas
¡perdón!
Justo allí
rompe en llanto la noche
porque jamás
sucederá un nuevo encuentro
Rompe en llanto mi alma
al divisarte inerte
en trágico lecho
Yo ya no he de poseerte
¿Quién soy acaso
a partir de hoy?
¡Traviata!
Sí, la extraviada.
Siempre clandestina
en nuestro amor.
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