Por: Linda Villamizar

Han pasado varios segundos, minutos y horas desde que te vi por primera vez, desde que escuché tu voz y tu risa, han pasado horas que se han convertido en años, años para comprender que esos segundos iniciales han decidido continuar y yo, aun no termino de soltarte; tan solo pasaron días para que mi cerebro razonara y concluyera que no ibas a corresponderme como yo lo quería, que no ibas a quererme ni apreciarme en el lenguaje que más lo necesitaría, aun así, me decidí por mantener tu compañía.
Las sonrisas, la distracción y la soledad que se apaciguaba con tu ser y el mío, fue y es lo que mantiene mi enganche, porque era tu efecto en mí lo que buscaba, la paz, serenidad y la calma que me generabas, las risas y el disfrute de coincidir en este tiempo. Desde aquella noche que entendí esa conexión, esa sensación de poder ser leal a quien soy y que tu podrías hacer lo mismo, la complicidad, confianza y humor que compartíamos, por esa libertad que nos unía acepté que hicieras parte de mi vida como a ti mejor te parecía, en el rol que decidieras, en ese momento sabía que te quería para invertir mi tiempo cuando con nadie más lo quisiera.
Pero tú, no me sostienes, no me eliges, recurres a mí porque sabes que estaré ahí cuando lo solicites, no te esfuerzas, no lo necesitas, te he delegado esa potestad, las palabras que tanto poder tienen para que permanezca a tu lado, se desvanecen con la falta de acción, dan certeza a la distancia que anhelo mantener, a la fuerza, decisión y firmeza para no querer verte, ni abrazarte, ni siquiera pensarte.
Este proceso se ha vuelto rutinario, me he doblegado, me he visto caer más de una vez, he visto mis lágrimas ceder ante la incertidumbre de no escucharte decir: me retiro. Te decides por ti, por tu placer, por tu deleite, eso es un hecho, sin embargo, parece que no termino de convencerme, aquí estoy, escribiendo una vez más por vos.
Juzgué otros patrones, otras decisiones y otros comportamientos, hasta que vi este mío, este de no lograr soltarte, no me comprendo, me cuestiono, mi ser pensante entiende que es hora, el tiempo no se detiene, los segundos, minutos y horas siguen su trayecto, este proceso debe hacerse, esas horas pueden nuevamente ser años, y en este segundo quiero dejar de elegirte. No te necesito, no me consuelas, no me acompañas, no estás en mis días, y cuando estás, no te siento cerca, he vivido ya este duelo y he sobrevivido.
Este es otro intento mío, anhelando que me dejes ir, que no aparezcas de nuevo, que recuerdes estas letras, este sentimiento, has herido mi ser, mi estima y el cómo me percibía, has herido nuestra conversación cuando resaltabas que no querías lastimarme, pues cariño, lo has hecho y duele, duele en el pecho, duele en las manos, en el orgullo y en mis benditos pensamientos.
Podría esperarte, podría disfrutar de tu manera de estar, pero continua la vida, y lo que antes no necesitaba y no me vulneraba, hoy si, antes no eran visibles aquellas heridas que hoy logro palpar, sentir y llorar, la melancolía que desde entonces se cultivó en mis pensamientos se reflejan en estas letras que escribo hoy, ya pasado un tiempo, pasada la distancia, se reflejan aquí, en otro intento por despedirme.


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