Espérame en Chernóbyl, en aquel rincón de la estepa ucraniana donde el diablo fijo su residencia permanente y dormita apaciblemente bajo la nieve cada invierno. Espérame en aquella rueda de la fortuna que una noche (la noche del fin del mundo) jamás volverá a saber de amantes tomados de la mano sintiéndose más cerca de las estrellas. Encuéntrame entre sus árboles, testigos mudos del recorrido eterno de las partículas alfa, beta y gamma que, como ángeles exterminadores, silenciaron por siempre vidas, sueños y sonrisas. Toma mi mano y caminemos juntos por las calles de Chernóbyl, calles que una vez conocieron el futuro y por donde hoy la soledad y la muerte transitan a sus anchas… Muéstrame el reactor nuclear, muéstrame ese lugar clandestino al que muchos héroes fueron llevados una mañana sin saberlo a la eternidad, en un intento desesperado por silenciar cada mortífero latido del (ahora) corazón del infierno. Invítame a un vodka en algún bar de Chernóbyl y baila conmigo al compás del silencio y su tango lúgubre. Embriágame de besos, de neutrones, de uranio, de cesio, de plutonio y todo su dulce veneno y en algún rincón abandonado en cualquier hotel de Prípiat amémonos, poseámonos, estrechémonos, mientras la radioactividad cubre nuestros cuerpos desnudos con su tibia sábana letal y sentimos cómo el tiempo se detiene en nuestras venas al igual que lo hizo aquella noche en Chernóbyl y cuando amanezca, cuando recibamos los primeros rayos de quinientos soles de la muerte que una vez brillaron en Hiroshima y Nagasaki parte conmigo en el primer tren con destino a ningún lugar. Huyamos lejos del fantasma del cáncer, recuerdo infame que se asoma cual fuego fatuo en los ojos inocentemente azules de la ya extinta Unión Soviética pero no olvidemos hacernos una postal de viaje con cada imagen de lo que fue y ya nunca más será, con cada lección que aprendimos sobre las crueles jugarretas del átomo, las mismas que transformaron por siempre en ciudades muertas a Chernóbyl y Prípiat, lugares cuya fantasmagórica magia resucita en invierno y cuyo rostro apenas conocimos por las noticias…
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