Por: DANNY HERRERA
Era su alma un mar en calma,
donde las olas suspiraban ternura,
sus ojos reflejaban la luna plata,
su corazón latía con dulzura.
Era su alma un jardín de rosas,
donde el perfume embriagaba el aire,
cada pétalo guardaba mil historias,
de amores perdidos y sueños al alba.
Era su alma un río de esperanza,
donde las aguas fluían sin cesar,
su risa era el canto de los pájaros,
su mirada el sol al despertar.
Era su alma un verso en el viento,
que susurraba secretos al pasar,
cada palabra era un eco eterno,
de un amor que nunca dejará de brillar.
Era su alma un misterio profundo,
que solo el tiempo podía desvelar,
un tesoro escondido en lo más hondo,
un universo entero por explorar.
Era su alma un regalo divino,
que en cada latido sabía amar,
un tesoro invaluable y genuino,
que nunca dejará de brillar.
Era la pureza en su esencia
un reflejo de la verdad
una melodía en silencio
que llenaba de paz.
Simplemente era su alma
un regalo del universo
un tesoro invaluable
que siempre guardara este verso.
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