Un indicio, una luz y un café en el abrigo de la mañana… En función de las guirnaldas que festejan un nacimiento, te levantas con la mirada plausible y reconoces lo que en ti habita. Un beso generoso, una grandeza de la que no presumes, tu ser amable y cálido tal cual el calorcito de la leña en la montaña… Es inmensa la dicha de verte en la plausible concentración de lo que es tuyo. Representas la armonía de las cosas, las sinfonías de las aguas apacibles. El universo es pródigo conmigo cuando me brinda tu mano. Admiro el arte con el que cuidas… tus cosas, tus plantas… a mí.
La modestia acuna en tus manos cuando brindas al mundo, no hace justicia la fotografía, la imagen no vislumbra el halago, lo genuino del amar. Mis intentos son minúsculos con tus afectos, y aún así, habitamos en la magnificencia.
Me resguardo en tus brazos que custodian las lluvias, y yo, en la dicha de poder amarte en nuestra críptica lumbre.
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