Por: LA NONITA DEL PUEBLO

¡Ay, mi querido! Disculpa si he estado un poquito ausente por estos lares. Verás, a mis añitos, uno ya no tiene la misma vitalidad de antes, y últimamente he estado un poquito enfermita. Pero gracias a los cuidados de mi familia y a los remedios de mi mamita Q.E.PD que me heredó y que tanto conocemos, estoy recuperándome poco a poco. Mi nieta, quien me trascribe lo que le digo y quien se encarga de compartir mis pensamientos contigo, tampoco había vuelto a la finquita últimamente, pero aquí estamos de nuevo, dispuestas a compartir contigo la sabiduría que nos han dejado los años de experiencia en el campo.
Y justo cuando pensaba que no tendría la oportunidad de charlar contigo, mi querido, surge este bello tema sobre las huertas en casa. ¡Qué alegría me da hablar de algo tan querido para mí! Desde que era una mocita, aprendí de mis ancestros la importancia de sembrar nuestras propias hierbas y vegetales. No hay nada como salir al jardín al amanecer, cuando el sol apenas se asoma por el horizonte, y sentir el aroma fresco del cilantro, el perejil, el romero y demás condimentos que adornan nuestras comidas.
¡Y no te imaginas lo que añaden a nuestros platos! El sabor de unas papitas al horno con romero fresco o un toque de menta en una ensalada de frutas, es algo que no se puede describir con palabras. Y qué decir de los tomates, esos rojitos llenos de jugo y sabor que alegran cualquier guiso o ensalada.
Pero no solo se trata del sabor, mi niño. Tener una huerta en casa es sinónimo de salud. Sabemos de dónde vienen nuestros alimentos, cómo han sido cuidados y qué productos químicos han tocado. Y hablando de cuidados, no hay que olvidar la importancia de mantener nuestras plantas libres de insectos y enfermedades. ¿Sabes qué hago yo? Preparo mi propio insecticida natural, una mezcla de vinagre con agua y bicarbonato, que mantiene a raya a los bichitos sin dañar nuestras plantas ni contaminar el ambiente.
Y hablando de cocinar, ¡qué placer es hacerlo con leña! No hay estufa ni hornillo que se compare con el sabor que la leña le da a nuestros platos. Un sancochito, una changua, un pollito guisado o un arroz con pollo, todo sabe a gloria cuando se cocina con amor y paciencia en la vieja cocina de leña.

Así que ya sabes, mi querido, si quieres tener una vida saludable y llena de sabor, no hay nada como cultivar tus propias hierbas y vegetales en casa. Con amor, paciencia y un poquito de tierra, puedes transformar tu hogar en un oasis de salud y bienestar. ¡A sembrar se ha dicho!
Y hablando de sembrar, nos vemos otro día con más tips y consejos de tu nonita del pueblo. Estaré encantada de compartir contigo todo lo que he aprendido a lo largo de los años sobre la vida en el campo, las huertas caseras y todo lo relacionado con una vida saludable y llena de sabor. ¡Hasta la próxima, mi querido!

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