¿Habrá un lugar donde se guarden aquellos momentos que desaparecieron mucho antes de dejar de recordar?
Yo conozco hombres que nacen sin memoria insensibles desde el vientre con el mundo que los rodea. Pero este texto no se trata de eso, este es mas bien un ensayo a la memoria; existen personas con miedo a esta, bien sea por el terror de nunca olvidar lo vivido o por otra parte el horror que viven aquellos que van perdiendo los recuerdos. La memoria es un tema extensamente complejo, que no solo abarca esa capacidad del hipocampo por guardar recuerdos y luego evocarlos, se puede decir incluso que el ser humano en sus banalidades busca que esta se preserve en los demás (hablo de su imagen como recuerdo en otros) el ser humano es tan vanidoso que busca que lo recuerden incluso después de partir de este mundo.
Personalmente le temo a la memoria, pues he visto en carne propia lo que es perderla con el paso de los años. Aun recuerdo cuando mi viejita, fue desfragmentándose y los recuerdos de sus últimos años se desvanecían como el humo, sus últimos años vividos se habían perdido, pero ¿dónde buscarlos? Esta mujer vivía en su infancia, tal vez en su mente su tiempo y espacio eran los de los años juveniles donde la energía que pensaba tener chocaba tristemente con los años acumulados en su cuerpo, cada arruga guardaba experiencias y momentos, pero su mente no lograba conectar con ellos.
En esas mañanas de mi infancia era frecuente escuchar un grito a cualquier hora del día “en esta casa no hacen café” a lo cual mi madre respondía con más ternura que resignación “abuela pásese la lengua por la boca” y mi abuela se calmaba como lo suelen hacer los niños pequeños cuando por fin se le responden las preguntas.
En esos años mi abuela se convirtió en mi amiga, tal vez en su mente yo era solo otro niño más del barrio, con el que quería trepar árboles, agarrar iguanas, robar panela o caña de azúcar o cualquier otra de esas cosas que hacían los niños de antaño. Se que esas actividades las hacían porque, gracias a la memoria que se comparte a través del lenguaje se vuelven menos finitos los recuerdos
Para no hacer mas largo el cuento al final murió; mi memoria y la de los que nos rodean la mantienen viva, hasta que por obra de los años nuestra memoria también fallezca y termine por borrarse su nombre la historia. No queda mas que esperar que también eso nos pase a nosotros.
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