GIGANTES CAÍDOS – CAP 1 “LA HERIDA”

Por: Marcela Espinosa

Recuerdo que cuando tenía 6 o 7 años quizás, hice una de las confesiones con más peso en la vida de un ser humano, aún sin saber lo que ello significaba en su totalidad, salió de mi boca en aquella visita que hizo mi madre con mi hermana esa mañana en casa de mi padre … La expresión- «papá me viola»

Pero la respuesta que recibí fue una bomba nuclear que asoló por completo la veracidad de mis palabras y la existencia de un abuso ¿Pero intento violarte o te violó?

Está pregunta durante años retumbó en mi cabeza de manera constante, penetró cada uno de mis huesos y perforó sin duda mi corazón.

Tiempo después, al quedarme una noche en casa de mi mejor amigo, noté que no lograba conciliar el sueño. Deduje que era porque mi cuerpo automáticamente sabía que estábamos en otro lugar y por ello no lograba sentirme cómoda. Mi mejor amigo se levantó de su cama al sentir que me giraba constantemente en la cama; encendió una luz muy tenue, me apretó la mano, me sonrió y se volvió a hundir en las sábanas. Como por arte de magia, cinco minutos después yo estaba sumergida en un sueño profundo.

Noches de insomnio, de lucecitas encendidas que brillaban por cada rendija de la puerta de mi habitación, comportamientos un tanto extremos, pues podía pasar horas hablando de una manera congruente pero exagerada o estar en completo silencio.

Nunca me senté a indagar en aquellos sueños o pesadillas que cada noche consumían no solo mi habitación sino también mi cuerpo, haciendo que éste se lavara en gotas gruesas de sudor, sed excesiva e insomnio.

Fueron años de dolor, años de sentirme vacía, rota, inestable, como si las bases de mi estructura fueran simples palitos de paleta y dicha construcción pesara más de mil kilos.

Mientras el mundo se quebraba en mil pedazos cada noche para mí y mi hermano, nuevas estrellas nacían en el espacio exterior.

Continuará…

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