Por: John Jairo Gelvis Vargas
Durante su año y medio de mandato, el presidente Iván Duque ha enfrentado críticas constantes por parte de medios periodísticos como La Silla Vacía, Las Dos Orillas y Los Danieles, así como de destacados analistas políticos como La Lalis, Wally, Levy Rincón y Félix de Bedout. Estas críticas se centran en los errores cometidos durante la anterior administración y resaltan la falta de avances significativos en las políticas públicas. Con el ascenso de un gobierno de izquierda progresista, se esperaban cambios sustanciales en materia social y medioambiental. Sin embargo, tras más de un año y medio bajo el liderazgo del presidente Gustavo Petro, surgen interrogantes sobre su verdadero impacto en el país. A pesar del entusiasmo inicial, queda por ver si Petro mantendrá el apoyo de su base electoral y si podrá asegurar una victoria con 11 millones de votos en las próximas elecciones poniendo un candidato o ya no tiene esa votación.
Durante su mandato, Petro ha sido objeto de críticas debido a una presidencia marcada por desaciertos en lugar de logros tangibles. A menudo, sus promesas no han sido respaldadas por acciones concretas, lo que ha generado escepticismo entre la población. En contraste, figuras como Rodolfo Hernández destacaron propuestas irrisorias que carecían de fundamentos sólidos, como la iniciativa de llevar a todos los colombianos a conocer el mar. En el ámbito político, se ha observado una falta de preparación por parte de algunos candidatos, como se evidenció en debates donde figuras como Fajardo demostraron un dominio de cifras y argumentos sólidos, mientras que otros como Fico se mostraron poco preparados para asumir la presidencia.
A pesar de cierta tranquilidad económica percibida por sectores de derecha que respaldaron a Petro, la gestión del ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, brindaba seguridad gracias a su enfoque realista y disciplinado en la administración de los recursos del país. Sin embargo, su sucesor, Ricardo Bonilla, ha sido criticado por decisiones económicas erráticas, incluyendo pagos excesivos a funcionarios públicos y problemas relacionados con eventos deportivos. La designación de altos cargos, como el fiscal general, ha sido objeto de controversia, ya que se ha percibido favoritismo y falta de criterios técnicos en la selección de personal. Esto ha generado preocupación entre la población, que espera una administración transparente y competente.
En cuanto a la vicepresidenta Francia Márquez, inicialmente vista como un símbolo de esperanza para comunidades marginadas, su gestión ha sido cuestionada por la falta de acciones concretas y la percepción. La creación del Ministerio de la Igualdad no ha tenido el impacto esperado, y se ha visto envuelta en controversias relacionadas con gastos excesivos y viajes innecesarios. A pesar de las expectativas generadas por el cambio de gobierno, la realidad política y económica de Colombia sigue siendo desafiante, con un panorama marcado por la incertidumbre y la insatisfacción de la población frente a la gestión gubernamental.

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