¿SOMOS CREACIÓN O EVOLUCIÓN?

Por: Emabar el Sofista

¿Puede la raza humana llegar a superarse como masa? ¿Existe la trascendencia como especie? ¿Somos objeto simulado o trascendencia secuencial? ¿Podemos evolucionar de la misma manera como el universo lo hace en el transcurso del tiempo? Cada uno de nuestros sentidos está expuesto al eterno sosiego, la prisión eterna del alma, la cadena perpetua de nuestro espíritu crítico y el hundimiento de la creación que reside en nuestra mente. ¡TODO NUESTRO SER SE ENCUENTRA EN UNA ETERNA AMENAZA QUE OPACA SU VERDADERA DEVOCIÓN POR EL ARTE DE LO INVEROSÍMIL! ¿Se puede distinguir un ente creado de uno completamente evolutivo?

Un ente evolutivo es aquel que alumbra la multitud, que redime su verdadero desarrollo como animal racional y gran discernimiento elevado de cada sistema terrenal que lo oprime y encarcela, aun siendo un alma libre.

¿Qué es la libertad si el sistema nos encadena al dogmatismo en conjunto con la monotonía infinita? No tiene sentido alguno sostener que somos libres por naturaleza, y cada vez más nos desviamos en el laberinto de la naturaleza humana y en la desdicha de la sociedad. «LA VERDADERA EVOLUCIÓN RESIDE EN EL ESPÍRITU LIBRE.»

¿Pero cuándo somos libres? Somos libres cuando desarraigamos de nuestro esquema imaginativo todo dogma que nos impide avanzar, somos libres cuando nos vemos frente a un espejo y nos llegamos a contemplar la grandeza de nuestro corazón, así como admiramos una proporcional y armoniosa estética en los monumentos artísticos, proclamando el nombre de la libertad de toda literatura falsa y de toda mentira dogmática.

¿Acaso un poeta es sólo un impostor de lo sublime y bello? La ardúa labor de un poeta no es más que el desarrollo interior del alma. ¡ESO ES UN ENTE EVOLUTIVO! Se libera de todo aquello que le predispone a proclamar su sentir y cómo contempla su existencia por medio del arte de la palabra.

Somos evolución cuando los dueños de nuestros actos de bondad residen en nuestra voluntad de poder, cuando despertamos esa bestia interior que redime nuestra grandeza y afianza el poder que en cada cual reside y a su vez arrasamos con cada decreto que opaque el desarrollo evolutivo de nuestra esencia. Esa es la distinción entre la creación y la evolución: la creación no es más que un cuerpo más en un plano terrenal, sin conciencia alguna de lo que es y sin discernimiento alguno de lo que es el sentido de vida.

Por tanto, la evolución es el colapso de todo lo sublime y auténtico que habita en el mundo interior de cada ente que se despierta y florece un nuevo ser, un ser que habita en la infinita evolución que trasciende horizontes de la percepción cultural.

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