Por: Florentino Ariza

Los diferentes acuerdos de paz, en el marco de conflictos armados internos, tanto en Colombia, como en el mundo, siempre han tendido en la mesa de negociaciones a dos partes enfrentadas y que representan intereses contrapuestos y generalmente de ideologías diferenciadas; grupos rebeldes con pensamiento de izquierda vs gobiernos de derecha o socialdemócratas. Recordemos que en Colombia el primer acuerdo de paz se dio en 1953 entre las guerrillas liberales de Guadalupe Salcedo y el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla. Luego los procesos de paz de los años 90, del M-19, EPL, Quintín Lame, PRT, Milicias de Medellín, Corriente de Renovación Socialista y Frente Francisco Garnica, se dieron entre fuerzas insurgentes y los gobiernos de derecha encabezados por Virgilio Barco y Cesar Gaviria. Finalmente, en 2016 se logró firmar la paz entre la guerrilla de las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos.
Todos esos gobiernos no solo representaban lo que algunos denominan “El establecimiento”, es decir, aquellos sectores que ostentan el poder real y por lo tanto su presidente y jefe de estado podía comprometer aspectos sustanciales de tipo económico, social e incluso otorgar beneficios, que incluyen espacios de participación política; sino que además, con anterioridad a los acuerdos estuvieron enfrentando con toda la fuerza del Estado a quienes luego tuvieron al frente en la mesa de negociaciones. No olvidemos que Juan Manuel Santos como ministro de defensa y luego como presidente, fue quien más debilitó a las FARC-EP produciéndoles bajas muy significativas en los mandos medios, el Estado Mayor Central y el mismo Secretariado que casi fue desmantelado. Luego se sentó en una mesa con ellos y logró la desmovilización de la guerrilla más antigua y fuerte de América Latina.
Es bien conocido que los gobiernos de izquierda siempre priorizan los temas sociales sobre la seguridad y, en este último frente muestran una debilidad que los grupos armados saben explotar. Con lo que estamos viendo en términos de escalada de la violencia contra la población civil, expresada en el incremento del secuestro, la extorsión, los desplazamientos forzados, los confinamientos, los ataques a líderes/as sociales, las masacres, el reclutamiento de niños y niñas, entre otras afectaciones, es evidente que los procesos de paz y los ceses de fuego, son aprovechados por los grupos armados para extender su dominio territorial, el control social, el fortalecimiento militar y la ampliación de las rentas ilegales.
Toda guerra por definición es la confrontación armada de partes con antagonismos en lo político, económico, religioso, racial, territorial, etc. Y es por ello que la paz se firma entre enemigos. Entre amigos hacemos negocios, tertulias, bautizos y hasta paseos de olla, pero no negociamos el fin de una guerra porque no estamos enfrentados. Hacemos votos porque el gobierno nacional tenga éxito en su empeño de lograr acuerdos de paz que pongan fin a la violencia y logre desmontar todos esos aparatos de guerra, reincorporando a la vida civil, económica y política del país a los miembros de estos grupos, pero los hechos son tozudos y no dan para más que declararnos decepcionados, frente a las acciones violentas de los actores armados.
Nos preguntamos, en qué momento se pondrán en discusión en las mesas de diálogo con el ELN y las FARC-EP, las palabras “desarme” y “desmovilización”, pues todo parece indicar que bajo el pretexto de que persisten la pobreza, la corrupción, la desigualdad, bla, bla, bla, estos grupos pretenden eternizarse en lo que ya no es una guerra revolucionaria, sino un gran negocio de rentas ilegales y, el gobierno que prometió que estos procesos serían para el desmonte de estas organizaciones y el fin del conflicto, parece amoldado a ese destino. Por eso consideramos que negociar un acuerdo de paz entre amigos es una verdadera utopía.
Es importante destacar que la suma de experiencias en los fracasados intentos por alcanzar la paz, ha llevado a la deslegitimación de aquellos que en nombre de la justicia social, los llevaron a cometer los peores crímenes en contra de la humanidad, lo que a la vez nos permite entender el rechazo en aquellas regiones donde históricamente han hecho presencia, que sin importar el acompañamiento de procesos sociales a fines a sus intereses, son derrotados en las urnas en regiones como el Catatumbo, donde el censo electoral es superior a los 50 mil votos y estas fuerzas llamadas izquierda o progresismo, no llegan a alcanzar ni un 18%, en las intenciones de votos.
La utopía de un acuerdo de paz entre amigos, de momento deja el sin sabor, que nos apuntamos un nuevo fracaso, en los que creímos en la propuesta de la paz total, por los reiterativos mordiscos que le han propinado las disidencias de las FARC, a la mano extendida durante el Cese Bilateral al Fuego al actual gobierno de Gustavo Petro.

Ayúdanos apoyando a nuestro escritores donando en el siguiente link de VAKI:
Descarga el escrito en PDF a continuación:
Sobre el Autor:

Columnas recientes
Busca Columnas por Autor






Deja un comentario