Por: Hazzam Gallego
En este martes cualquiera, nostálgico, corriente y solitario,
me envuelvo en la búsqueda de un café amargo,
con sus notas ásperas que me evocan el pasado,
y apaciguan el dolor que llevo adentro.
Voy a buscarlo y recorro la calle donde un día fuimos dos,
con besos furtivos en callejones cómplices,
y alegría fugaz en un mar de concreto.
Mi sombra se diluye en la estela de recuerdos,
de risas compartidas y sueños que tejimos.
Observo el sitio lleno de flores,
ese lugar favorito que te despejaba el alma,
donde el olor a café te iluminaba los ojos,
y donde solíamos ocupar la mesa que ahora está desierta,
una mesa que solía ser nuestra.
Nuevamente en la mesa que fue nuestro refugio,
donde recitaba poemas a tu oído,
celebrando tu belleza sin tapujos,
hoy solo estoy yo, rodeado de extraños que se aman,
acariciando sus manos, con miradas intensas.
Los observo y me siento un intruso en mi propia memoria.
Vuelvo a ese instante en que, con ternura,
me servías dos de azúcar y un postre dulce.
Donde me narrabas tu día como un cuento de niños.
Hoy nada tiene sabor,
la nostalgia no se endulza.
La taza entre mis manos, tibia pero vacía,
refleja el frío de los días sin ti.
El café me repugna, el pan se vuelve duro,
detalles que ignoraba cuando los compartía contigo.
Te busco en cada cuadro,
en los tulipanes de adorno,
en las preguntas del mesero,
en el gato que nos saludaba,
busco en todo nuestro sitio un tenue reflejo de lo que fuimos.
No es lo mismo si no es contigo,
salgo corriendo cobardemente antes de que una lágrima me delate.
Huyo, pero en cada esquina,
persigo el rastro de tus pasos perdidos,
pero solo encuentro la soledad de mi propia huella.
Espero encontrarte en medio del parque,
en las calles empedradas que te gustaban,
en aquellos callejones donde te asaltaban mis besos
y en medio del olor a café molido.
Hoy, como cada martes desde tu partida,
he recorrido tu calle, tus parques,
tus callejones, nuestro sitio favorito,
atrapado en un eterno retorno, en una burbuja de recuerdos,
llorando como un niño sin juguetes,
buscando respuestas en un laberinto de interrogantes.
¿Cuándo el café dejó de gustarte?
¿Cuándo el postre dejó de ser dulce?
¿Cuándo las calles te robaron las sonrisas?
¿Cuándo el gato del café dejó de conmoverte?
¿Cuándo te dejaron de gustar los tulipanes?
¿Cuándo los cuadros dejaron de inspirarte?
¿Cuándo los callejones dejaron de ser cómplices?
¿Cuándo dejaste de amarme?
Tantos cafés, tantos postres, tantos saludos,
tantos pasos, tantos besos, tantos poemas,
tantas charlas y tantas sonrisas,
todo lo que amaba se ha enfriado,
como ese café que dejé servido con dos de azúcar y un postre dulce,
esperando en vano tu regreso.
Solo una mesa vacía,
solo un sitio más que dejó de ser especial,
solo queda eso,
el eco de tu ausencia y el dolor de tu recuerdo.
Un amargo sabor a café y un corazón que se resiste a olvidar.

Apoya a nuestros escritores donando en el siguiente link de VAKI:
Descarga el PDF a continuación:
Sobre el autor:

Columnas recientes
Busca columnas por autor






Deja un comentario