Por: Adriana Herrera

Desde tiempos remotos, las historias de amor han estado marcadas por el afecto desmedido e idealizado, en los que podríamos mencionar por ejemplo a los eternos amantes de Verona en la pluma de Shakespeare, pero si hacemos un recorrido por las historias griegas, entonces encontramos a un Zeus lleno de ficciones que denotan claramente una relación disfuncional con Hera; sin embargo, ¿quiénes somos para juzgarles? Dejemos entonces que el transitar discursivo de estas líneas nos sorprenda.
No es menos cierto, que cuando la sensación de amar transita sendas adictivas y estas se convierten en dependencia emocional colocándonos al borde del abismo, es necesario asomarnos a nuestro interior para comprender nuestros sentidos y explorar la percepción vinculativa con la pareja, la cual nos proyecta y nos invita a evaluar aquellas zonas desprovistas de afecto.
Pero estimados lectores: ¿Alguna vez se han encontrado con contradicciones emocionales? – supongo que en más de una ocasión- ¿Habrá acaso mayor deleite que sentir amor? ¿Qué es el amor? ¿Hasta dónde amar? Son incluso hasta cuestiones filosóficas, por ejemplo Baruch Spinoza expresa: “El amor nace, pues, del concepto y del conocimiento que tenemos de una cosa. Y cuanto mayor y más excelente se demuestre que es la cosa, tanto mayor también es en nosotros el amor”
En definitiva, la dependencia emocional en las relaciones de pareja funciona como un amor excesivo e idealizado en dónde la necesidad desmedida de una persona hacia su pareja, la satisfacción emocional y la autoestima dependen de manera descomedida de la presencia y la aprobación de la otra parte. En este tipo de relaciones, la persona dependiente tiende a enaltecer a su pareja, sobrevalorando sus cualidades y minimizando o ignorando los aspectos negativos de esta.
Sobre la pareja, esta es un sistema que surge de la unión de dos individuos que por elección, deciden vincularse durante un tiempo determinado, ya sea porque comparten creencias, preferencias, o proyectos en común. De ahí la complejidad que representan las relaciones, ya que cada miembro de la pareja es un sistema único, con dinámicas particulares que, necesariamente para que funcione, requerirán de complejas sujeciones que garanticen la operatividad en términos psicológicos, emocionales, cognitivos y conductuales. En el caso de la dependencia emocional, cada uno de estos elementos se verá alterados por distintos componentes.
Ahora bien, ¿Cómo podemos comprender este complejo vínculo? ¿Puedo ser una persona dependiente emocional y no saberlo?
Vayamos al origen. La dependencia emocional tendrá su génesis en las primeras experiencias de vinculación afectiva, principalmente en el entorno familiar, ya que son los primeros modelos conductuales de mayor relevancia en el desarrollo evolutivo de los individuos, y es que, por medio de ellos, se adquieren e incorporan esquemas o estructuras de orden superior y emocional, referidas al cuidado, la seguridad, la aprobación y el amor.
Cuando alguno de estos elementos está ausente, el cerebro activa a través de los recuerdos, mecanismos específicos de supervivencia, ya que el mismo los procesa como una posible amenaza, en consecuencia, la vinculación en la etapa adulta, se centrará en buscar de forma inconsciente satisfacer aquellas necesidades no cubiertas, y en una dinámica compleja se atraerán parejas con las cuáles se pueda experimentar y cubrir esa ausencia afectiva. Así que si, definitivamente podemos ser dependientes emocionales, sin ser consciente de ello, porque naturalizamos ciertos patrones de las dinámicas vividas con los referentes significantes de nuestra infancia.
Es por tanto, que en la dependencia emocional, una persona se siente tan apegada a alguien que se vuelve dependiente de su afecto. Sus sentimientos están influenciados casi por completo por el comportamiento de la otra persona. Esto puede llegar hasta el punto de que ya no decide nada por sí misma, se fusiona a su pareja, la vida tiene sentido, solo a través de ella, porque la dependencia emocional es una construcción subjetiva de la realidad basada en creencias, errores de conceptos y experiencias personales.
Por lo tanto, a nivel de las relaciones de pareja es necesario un buen equilibrio entre pensar y actuar para afrontar las emociones, es necesario volver a la esencia de la vida, hombres y mujeres, formados por el sentimiento del amor como esencia, para conocerse con un sentido de cooperación y reciprocidad, a través del amor sano, del respeto, la aceptación, la congruencia y la responsabilidad, donde la empatía convive en una relación de pareja sana.
Finalmente, la dependencia emocional, es posible transformarla cuando nuestra visión del afuera demanda una perspectiva diferente, en la que el amor propio, la dignidad afectiva, y la valoración del yo, se emancipan. Al comprender y gestionar mejor nuestras emociones, podemos comunicar mejor nuestros sentimientos de una manera más constructiva y las necesidades, los sentimientos y las reacciones de aquellos a quienes amamos conduce a relaciones más sólidas y satisfactorias
La pregunta reflexiva es: ¿Qué tendría que ser diferente para crear más interdependencia en su relación y alejarse del abismo?
Hasta el próximo encuentro
Dra. en Salud Conductual Adriana Herrera
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