Como madre y defensora de la importancia de la familia en la sociedad actual, considero que dedicar tiempo a nuestros hijos es fundamental para su bienestar emocional y desarrollo personal. En un mundo lleno de compromisos y responsabilidades, a menudo es fácil perder de vista lo que realmente importa: estar presente en la vida de nuestros seres queridos.
Para mí, la familia es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás. Son ellos quienes nos dan fuerza en los momentos difíciles y alegría en los momentos felices. Por eso, he aprendido a priorizar ese tiempo de calidad con mis hijos, a pesar de las mil y una tareas que la vida nos presenta.
Escuchar a mis hijos, realmente escucharlos, es algo que intento hacer todos los días. Más allá de las obligaciones y preocupaciones, me esfuerzo por dedicarles esos momentos en los que pueden contarme sus sueños, sus miedos y sus alegrías. Son esos instantes de conexión los que fortalecen nuestro vínculo y nos acercan aún más.
Jugar con ellos es otra forma maravillosa de compartir tiempo de calidad. Alejados de las presiones escolares y las exigencias del mundo exterior, nos sumergimos en un universo de fantasía y diversión. Ya sea construyendo castillos de arena en la playa o jugando a las escondidas en el parque, esos momentos de juego nos unen y nos llenan de alegría.
Es importante recordar que estos momentos no tienen que ser largos ni complicados. A veces, basta con unos minutos de conversación mientras preparamos la cena juntos o un juego rápido antes de ir a dormir. Lo importante es la calidad del tiempo que pasamos juntos, no la cantidad.
En un mundo cada vez más digitalizado, también es fundamental desconectar para conectarnos realmente con nuestros hijos. Apagar el celular durante la cena o dejar de lado las distracciones tecnológicas nos permite estar presentes y disponibles para ellos, mostrándoles así cuánto nos importan.
Dedicar tiempo de calidad a nuestros hijos es una inversión invaluable en su bienestar emocional y en el fortalecimiento de los lazos familiares. A través de la escucha activa, el juego y la desconexión digital, creamos recuerdos que perdurarán toda la vida y construimos relaciones sólidas basadas en el amor y la confianza. Así que, en medio de la rutina diaria, recordemos siempre hacer espacio para lo que realmente importa: estar presentes para nuestros hijos.
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