Por: Hazzam Gallego

En el extenso tapiz de la historia colombiana, las voces de quienes desafiaron la opresión y forjaron un futuro más justo se desvanecen con frecuencia. Entre estos héroes ignorados se encuentra Benkos Biohó, un hombre cuya travesía desde las exuberantes tierras de África hasta las áridas costas colombianas es un himno a la resistencia, el valor y la tenacidad.
Nacido en la región de Biohó, en las Islas Bijagós de la actual Guinea-Bisáu, Benkos era miembro del pueblo bijago y fue rebautizado como Domingo tras ser esclavizado. Arrancado de su tierra natal por traficantes portugueses, fue enviado al Nuevo Mundo. Su nombre evoca una aldea al este del río Senegal, un vasallaje del pueblo masái. Capturado junto a su esposa Wiwa y sus hijos Sando y Orika, llegó a Cartagena de Indias, donde, junto a su familia, fue vendido a Juan de Palacio y luego, en 1596, a Alonso de Campos, capitán al servicio del gobernador.
En 1599, cien años después de la irrupción europea en América, Benkos Biohó y su esposa Wiwa, junto a otros hombres y mujeres que anhelaban romper las cadenas de la esclavitud, se adentraron en las sabanas y montes que rodeaban Cartagena de Indias. Estos lugares, inaccesibles para los españoles, se convirtieron en un refugio y un asentamiento para cientos de esclavos que buscaban recuperar su libertad arrebatada.
Allí, en las vastas sabanas, nació la Palenque de San Basilio, hoy San Basilio de Palenque, un santuario de libertad que se erguía como un bastión contra la opresión en un mar de esclavitud. Biohó, convertido en un líder natural, organizó a sus compañeros de infortunio y dirigió expediciones de liberación, desafiando valientemente a los opresores y reclamando la dignidad humana para su gente.
Palenque, gracias a la determinación incansable de Biohó, se convirtió en un faro de esperanza para los oprimidos, una tierra donde la libertad no era un sueño fugaz, sino una realidad tangible. El legado de Biohó, sin embargo, va más allá de sus hazañas militares y políticas. Era, en su esencia, un custodio de las tradiciones africanas, un recordatorio viviente de la riqueza cultural que la esclavitud había arrebatado. Su aliento de vida a estas costumbres ancestrales inspiró a su gente a abrazar su herencia con orgullo, desde el ritmo de los tambores hasta la elaboración de las trenzas en el cabello.

Las trenzas, más que un simple adorno, se convirtieron en un símbolo de resistencia y unidad. Guiando a las mujeres hacia el Palenque con sus intrincados patrones, Biohó infundió a su comunidad con un sentido de propósito y cohesión, recordándoles que su historia no podía ser silenciada ni olvidada.

En Palenque, la cultura africana floreció, desafiando la hegemonía española y creando un espacio donde la libertad y la identidad se celebraban con fervor. La música, la danza, la gastronomía y las tradiciones ancestrales se convirtieron en los pilares de una comunidad resiliente, un legado que pervive hasta el día de hoy, resonando como un canto a la libertad y un homenaje a la memoria de Benkos Biohó, un héroe que luchó por la dignidad humana y dejó una huella imborrable en la historia.

En ese mismo año estallaron los primeros levantamientos de los negros cimarrones, liderados por Domingo (Benkos) Biohó. Descrito por los historiadores como brioso, valiente y audaz, condujo a cerca de 30 esclavos hacia el arcabuco y la ciénaga de Matuna, al sur de Tolú. Los hombres de Biohó emprendieron campañas de liberación en Cartagena, Tolú, Mompós y Tenerife, aunque a menudo se limitaban a asaltar plantaciones y rebaños para alimentarse. Con el tiempo, la noticia de este grupo que se oponía a la esclavitud se extendió, atrayendo a más negros a Palenque. Incluso se ideó un método para guiar a otros esclavos a través de las trenzas de las mujeres, que con sus figuras describían las rutas para llegar al palenque en busca de un nuevo horizonte.
Las disputas entre cimarrones y españoles concluyeron en 1613, cuando los hombres de Palenque obtuvieron el reconocimiento de su autonomía y la autorización para entrar libremente a Cartagena de Indias. El acuerdo era que si no atacaban, serían libres de persecución. Así fue durante un tiempo. Benkos incluso llegó a visitar la ciudad vistiendo capa y espada, apodado como «el rey de La Matuna». Pero la paz no duraría. En 1619, tras un altercado con la guardia del puerto, Benkos fue apresado y dos años después condenado a la horca.
El 16 de marzo de 1621, Benkos el líder de los negros cimarrones fue ahorcado bajo cargos de desacato y de continuar con el levantamiento de esclavos.
La historia de Benkos Biohó es un recordatorio doloroso pero necesario de la lucha constante de los negros por la libertad y la justicia. Su lucha por la emancipación de la esclavitud es un ejemplo de la valentía y la determinación del ser humano. Aunque su voz fue silenciada por la opresión, su legado pervive como un faro de esperanza y resistencia para las generaciones venideras. Sin embargo, incluso en el siglo XXI, sus descendientes siguen enfrentando desafíos y luchando por la igualdad en una sociedad que los margina y oprime.
Es nuestro deber honrar la memoria de Benkos y otros héroes olvidados, no solo recordando su sacrificio, sino también comprometiéndonos a continuar la lucha por la verdadera emancipación de todos los pueblos oprimidos. Además de honrar la memoria de este gran líder, es necesario trabajar para eliminar las desigualdades que aún persisten en nuestras sociedades. Debemos luchar por un mundo donde todos tengan las mismas oportunidades de desarrollo y bienestar.

En cada trenza tejida de resistencia, en cada acorde de libertad, palpita el legado eterno de Benkos Biohó, recordándonos que la esperanza es la llama que nunca se extingue en la oscuridad de la opresión. – Hazzam Gallego

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