Mi corazón te añora con anhelo sagrado, pero mi amor te tiene hoy aterrado.
Si de besos y abrazos mi dulce amor se tratara, yo en ti habitaría, pero hoy mi manera de amarte es a dos metros quedarme, quitarme los zapatos al entrar en nuestra casa, tomar medidas de distancia. Estoy enamorado, cautivo de ti, soy esclavo; pero hoy soy mortal.
Cuerpos inertes, ruido de encierro, grita el periódico amor mortal. Vida mía, al cielo le he rogado que no me dejes de amar, que tus manos suaves y cálidas recuerden mi tacto y que tocarte la mano no sea un caudal de contagio.
Mis ojos hoy te besan pues mi boca hambrienta de tu cariño y agonizante de tu paladar, es encarcelada diariamente tras este maldito disfraz.
Y es que me siento como un perro sin el calor de tus labios, sin el roce de tu cuerpo. He pintado, leído, llorado, cantado, hice tregua con tu Dios y aunque no rezo hoy clamé por vos.
Estoy desconcertado de este virus, soy esclavo y jamás pensé que el lavado sería un lugar seguro y de dolor se enlutará el mundo, que el último adiós no daría y que las risas se convertirían en agonías, que se callarían las vacaciones de alegría y el traje de muerte se lo pondría la vida.
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