MI VISITA A LAS AGUAS PERFUMADAS

Por: Alexei Sierra

Quebrada cristalina
fría al extremo, casi helada,
de piedras distantes y tangibles
donde terminé perdido y desnudo.


Bañarse fue una disciplina tortuosa
pero en días mozos todo se soportaba
Sumergido en tu limpieza
en medio de aquellos pequeños árboles
era imposible no sentirse privilegiado.


No importó la distancia para llegar a tus aguas
el regreso impoluto fue premiado
con un rostro angelical.
Si, ¡le faltaban dientes!
parecía cerca de potrero embestida por un toro
pero no dejaba de ser bella,
aún así, era bella.


Nunca me aceptó mis invitaciones para ir a aquel santuario natural
aunque se moría de las ganas,
lo decía el brillo de sus ojos
y la sonrisa que deseaba ocultar sin lograrlo,
a pesar del abrazo efímero de una tarde cómplice
y de su mano dibujando temblorosa
la silueta de su otra mano sobre un papel.


Y un día me fui para no volver
pero antes fui a aquella quebrada cristalina,
fría al extremo, casi helada
posado en sus piedras cristalinas
y soñando con su desnudez.

(Era otra Remedios, quien aún calva y con ropa rústica nunca perdía su belleza. Era la nueva Afrodita de tierras antioqueñas).

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