“Y QUE SIGAN ROBANDO”

Por: Hazzam Gallego

En el escenario habitual de escándalos protagonizados por políticos locales, Cúcuta se ve envuelta nuevamente en una polémica generada por las desafortunadas palabras de un representante regional. Este episodio ha avivado un debate que cobra vida en las redes sociales, despertando la opinión pública. En el epicentro de la controversia, un breve video de 17 segundos captura el peculiar momento en que Carlos Dueñas, concejal del partido uribista Centro Democrático, entona un inusual «Feliz Cumpleaños» al secretario de educación, Carlos García Alicastro, acompañado de la frase incendiaria «y que siga robando».

La indignación ciudadana, no sorprendente dada la creciente desconfianza en la política, no se centra tanto en la corrupción endémica de la esfera regional, sino en la inaceptable manera en que tales barbaridades son pronunciadas por quienes ocupan cargos públicos. Este repudio, aunque comprensible, revela una realidad incómoda: en Cúcuta, la elección de concejales no se basa en criterios de idoneidad, integridad y capacidad de control político, sino más bien en favores personales y dádivas electorales.

La filtración del video transformó la celebración del secretario de educación en un espectáculo público, evidenciando la desenfrenada actitud de los concejales. La reacción ciudadana se enfoca más en la ética esperada de un funcionario público que en la necesidad de elegir representantes capacitados, honestos y ejemplares, lo cual, desafortunadamente, no suele ser la prioridad en las elecciones.

Las redes sociales fueron el escenario de expresiones de preocupación y cuestionamientos hacia el concejal, pero ¿dónde está la misma indignación por la falta de obras, seguridad, igualdad y empleo? Es un hecho que la ciudadanía se indigna más por frases ofensivas que por las funciones mínimas incumplidas por estos concejales.

Frente a la viralización del video, el secretario de educación aceptó que la reunión se dio por celebración de su cumpleaños, pero enfatizó en que el video es un montaje para desacreditar a los «honorables concejales».

Más allá de la autenticidad del video, este deja en evidencia la falta de seriedad y respeto de los concejales, quienes no solo se burlan entre ellos, sino también de aquellos que votaron por ellos, o que no se indignaron cuando los concejales reelectos no cumplieron sus funciones durante cuatro años.

La situación se tornó más tensa con la intervención de otro concejal, quien, lejos de calmar las aguas, amenazó a un «periodista» que se negó a retirar el video de sus redes sociales. Este incidente provocó un clamor ciudadano exigiendo respuestas y disculpas de los involucrados.

La controversia ha llevado a que la Corporación Concejo de Cúcuta evalúe medidas drásticas, como la posibilidad de vetar a periodistas que han cubierto el incidente. Esta decisión genera legítima indignación sobre la libertad de prensa y el derecho a la información. A pesar de la falta de seriedad de algunos periodistas, negar el acceso a información pública resulta inaceptable.

Esta situación revela la necesidad urgente de responsabilidad por parte de los representantes públicos y la importancia de un periodismo independiente y ético que informe sin restricciones. La política regional precisa un compromiso genuino, consciente de las problemáticas y, sobre todo, independiente de intereses particulares. La realidad actual nos insta a cambiar la forma en que se ejerce la política en la región, recordando que la ciudadanía merece representantes preparados y comprometidos con el bienestar colectivo, más allá de las castas políticas tradicionales.

Reflexionemos sobre la verdadera fuente de nuestra indignación. ¿Nos enfocamos únicamente en las palabras desafortunadas de los concejales, o deberíamos canalizar esa indignación hacia acciones concretas cuando hacen mal su trabajo? ¿Dónde está nuestra voz crítica cuando no ejercen controles políticos, cuando los secretarios incumplen con la ciudadanía, o cuando los alcaldes y políticos no cumplen sus responsabilidades?

Es fácil sumarse al coro de indignación ante las palabras ofensivas, pero ¿dónde está esa misma energía cuando se trata de exigir resultados y responsabilidad en el ejercicio de sus funciones? Recordemos las palabras del concejal: «que sigan robando, pero conmigo, porque sin mí no lo permitiría». Tal vez sea hora de cambiar ese enfoque y decir con firmeza: «Que no roben, ni conmigo ni sin mí. Exigimos un compromiso real, no solo en palabras, sino en acciones que beneficien verdaderamente a nuestra ciudad».

La indignación no debería ser efímera, limitada a momentos de farándula y chismes regionales. Que sea una fuerza constante y dirigida hacia el bienestar colectivo, exigiendo un cambio genuino en la forma en que se ejerce la política en nuestra región. Solo así podremos construir un futuro donde las acciones de los representantes públicos hablen más fuerte que sus palabras, y donde la responsabilidad y el compromiso sean la norma, no la excepción.


Y sobre todo, lector, que su indignación vaya más allá de comentar de manera sesgada en una red social.

No olvide que su indignación también debe manifestarse cuando roban a un adulto mayor, cuando agreden a una mujer, cuando abusan de un niño, o cuando asesinan a alguien, entre muchas cosas más, situaciones que van más allá de los comentarios irresponsables de un politiquero borracho y con complejos de poder. La verdadera fuerza de nuestra indignación se mide en la coherencia y la universalidad de nuestras preocupaciones por el bienestar de todos.

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