Por: Jefferson Andrés Rodriguez
A 58 años de la muerte del profeta, sacerdote, sociólogo de vocación trabajador social, pedagogo, investigador, director del periódico frente unido, columnista, líder político e icono revolucionario de los años 60 que se enfrentó a la voz institucional de la sociedad colombiana expresada en el frente nacional, a la propiedad y su misma herencia en la historia de la oligarquía de Colombia su misma sangre, propiedad y familia.
En qué momento el mito revolucionario se desvió y mancho el símbolo de la esperanza en el camino de la paz armada dimensionado en la comunidad eclesial de base, el problema de violencia nos ha acompañado lamentablemente en nuestra historia del territorio. Esta historia comparte el mismo error y horror de la orgia de la sangre que lo consumió hasta desaparecer su mismo cuerpo negando una sepultura digna.
Un 15 de febrero de 1966 en un combate con el ejercito en la vereda de patio cemento en Santander cayo en pie el icono revolucionario de sotana verde guerrera el cura Camilo Torres Restrepo a los 37 años. El sacrificio de la vida en plena juventud en una espera esperanzada que inicio como sacerdote, luego en la sociología y termino en el camino equivocado de la guerra guerrillas a ejemplo de su rebeldía.
Mensaje a los cristianos
Las convulsiones producidas por los acontecimientos políticos, religiosos y sociales de los últimos tiempos, posiblemente han llevado a los cristianos de Colombia a mucha confusión. Es necesario que, en este momento decisivo para nuestra historia, los cristianos estemos firmes alrededor de las bases esenciales de nuestra religión.
Lo principal en el catolicismo es el amor al prójimo. «El que ama a su prójimo cumple con su ley.» (S. Pablo, Rom. XIII, 8). Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia. Si la beneficencia, la limosna, las pocas escuelas gratuitas, los pocos planes de vivienda, lo que se ha llamado «la caridad», no alcanza a dar de comer a la mayoría de los hambrientos, ni a vestir a la mayoría de los desnudos, ni a enseñar a la mayoría de los que no saben, tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías.
Esos medios no los van a buscar las minorías privilegiadas que tienen el poder, porque generalmente esos medios eficaces obligan a las minorías a sacrificar sus privilegios. Por ejemplo, para lograr que haya más trabajo en Colombia, sería mejor que no se sacaran los capitales en forma de dólares y que más bien se invirtieran en el país en fuentes de trabajo. Pero como el peso colombiano se desvaloriza todos los días, los que tienen el dinero y tienen el poder nunca van a prohibir la exportación del dinero, porque exportándolo se libran de la devaluación.
Es necesario entonces quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo esencial de una revolución. La Revolución puede ser pacífica si las minorías no hacen resistencia violenta. La Revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que, vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos. Es cierto que «no haya autoridad sino de parte de Dios» (S. Pablo, Rom. XIII, 1). Pero Santo Tomás dice que la atribución concreta de la autoridad la hace el pueblo.
Cuando hay una autoridad en contra del pueblo, esa autoridad no es legítima y se llama tiranía. Los cristianos podemos y debemos luchar contra la tiranía. El gobierno actual es tiránico porque no lo respalda sino el 20% de los electores y porque sus decisiones sales de las minorías privilegiadas.
Los defectos temporales de la Iglesia no nos deben escandalizar. La Iglesia es humana. Lo importante es creer también que es divina y que, si nosotros los cristianos cumplimos con nuestra obligación de amar al prójimo, estamos fortaleciendo a la Iglesia.
Yo he dejado los privilegios y deberes del clero, pero no he dejado de ser sacerdote. Creo que me he entregado a la Revolución por amor al prójimo. He dejado de decir misa para realizar ese amor al prójimo, en el terreno temporal, económico y social. Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí, cuando haya realizado la Revolución, volveré a ofrecer misa si Dios me lo permite. Creo que así sigo el mandato de Cristo: «Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (S. Mateo V, 23-24).
Después de la Revolución los cristianos tendremos la conciencia de que establecimos un sistema que está orientado por el amor al prójimo.
La lucha es larga, comencemos ya…
Camilo Torres
No fueron los pobres que llevaron a Camilo a Cristo, fue Cristo que llevo a los pobres en la búsqueda de la justicia. Precursor de la teología de liberación a través del amor eficaz y de la sociología en Colombia 1960 junto con Orlando Fals Borda en la fundación de la Facultad de Sociología (hoy Departamento) de la Universidad Nacional en el estudio científico de la violencia en Colombia.
El amor eficaz fue su tesis revolucionaria que contribuye al cambio social y dialectico por la apuesta de saber amar cambiando nuestros valores hacia la justicia, tristemente este icono quedo manchado por la violencia, un hombre honesto y bueno. El fenómeno de barbarie, de violencia, de violaciones despertó la sensibilidad de Camilo lastimosamente asumiendo la defensa en las armas en la teología de la legitima defensa, en una teología clásica de santo tomas Aquino en la suma teológica como último recurso.

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