Por: La Nonita del Pueblo
¡Hola mis querido lectores!
Hoy les comparto con mucho cariño una historia que llena mi corazón de alegría y me transporta a los días soleados en nuestra amada tierra del Catatumbo. Quiero sumergirlos en el mágico mundo de un café recién molido, esa deliciosa bebida que nos conecta con la tierra y nos llena de energía para comenzar el día.
Imaginen este escenario encantador: el sol despertando en el horizonte, el aire fresco de la mañana acariciando nuestras mejillas y el familiar sonido del gallo anunciando un nuevo amanecer, mientras los perros responden con sus ladridos, como un despertador natural. Es entonces cuando observo a mi esposo, José, salir con sus botas de caucho, su machete y su sombrero. A veces, nuestro leal perro Pelusa lo acompaña como un fiel escolta, y nuestra querida burrita La Mona, como la llamamos, salen listos para comenzar las labores del campo.
Mientras tanto, me ocupo de preparar un desayuno reconfortante: aguapanela bien caliente, yuquitas con carne de cerdo, la tradicional changua y una arepa de maíz. Todo para llenarle la barriga a José, que le dé energía y que le caiga como un cálido abrazo para el alma.
Luego, me encargo de las tareas de la finca, desde ordeñar a la vaquita Laura, que nos acompaña desde hace años, hasta limpiar, lavar y alimentar a las gallinas. Son actividades que disfruto hacer en mi casita, esperando el regreso de mi esposo con los bultos de granos rojitos, colgados en la mulita. Su escolta, Tayson, anuncia el final de un día de cosecha, y llega el momento de recibir los granos de café recién cosechados con tanto esfuerzo y dedicación.
La llegada de los granos es un espectáculo de belleza, listos para ser secados al sol en el patio, tostarlos y molerlos en nuestra vieja máquina heredada de mi mamá, una reliquia que nos regaló al casarnos. El aroma que inunda nuestra humilde casita es como un regalo de la naturaleza, una mezcla de fragancias que nos envuelve y nos hace sentir verdaderamente en casa.
Lo que hace extraordinario a nuestro café del Catatumbo es el toque mágico de un pedacito de panela, esa dulzura natural que equilibra su sabor y nos transporta a los recuerdos de la infancia. El segundo secreto mágico es ese sabor ahumado que le da el proceso de hacerlo en leña, un tributo al trabajo arduo y al amor por la tierra que nos brinda este regalo tan especial.
Cada sorbo nos lleva de vuelta a esos días de sencillez y alegría en el campo, recordándonos el valor del trabajo arduo y el amor por la naturaleza. Por eso, la próxima vez que disfruten de una taza de café recién molido, recuerden que están probando el fruto del esfuerzo de hombres y mujeres del campo, la magia de la madre tierra, y que cada sorbo es un homenaje a la belleza y generosidad de nuestra tierra.
Con cariño y amor. Su Nonita del pueblo, ¡Dios los bendiga a todos!
¡Nos vemos pronto!

Apoya a nuestros escritores donando en el siguiente link de VAKI:
Descarga la columna a continuación:
Sobre el autor:

Columnas recientes
Busca columnas por autor






Deja un comentario