Por: EL SOBREVIVIENTE

A pesar de firmar un acuerdo de paz en 2016, y constituirse en un partido político, las heridas infringidas a sus víctimas aún se niegan a cicatrizar, en medio del silencio, ante una justicia que de justa no tiene nada, sus victimarios gozan de mayores privilegios que sus propias víctimas, no solo el proceso de paz dejo ver el poder del crimen ante el estado, también permitió crear un monstruo de cien cabezas, que es aun peor que cuando existía la otrora farc.
El año 2018, la región del Catatumbo fue testigo de como se rearmaba la ya desmovilizada Farc, apareciendo Jhon Mechas, Darwin o Piquiña, el difunto Lenin, y una decenas de exguerrilleros y milicianos armados con escopetas daban inicio al nuevo grupo criminal, que sin ideología política, si contaban con los contactos de los varones en el mundo del narcotráfico, fueron esas las razones que motivaron a Jhon Mechas para armarse de valor y plantarle cara a los elenos y pelusos y quedarse en el territorio en nombre de un cadáver llamado Farc.
El municipio de Tibú, por su zona de fronteras con el vecino país de Venezuela y el número de hectáreas sembradas de coca, fue la zona que escogieron, para sacar adelante su proyecto criminal, vociferando el desacuerdo con los acuerdos de paz, y aceptando culpas del pasado, bajo el compromiso de no repetirlas, así se fueron ganando la simpatía del campesinado, que vieron una oportunidad de tener un socio fiable ante los compradores de la pasta base de coca, debido al enfrentamiento entre el eln y los pelusos que fracturó la economía criminal de la región.
Aparecieron figuras mesiánicas como, Richard, un hombre obeso, con testículos que se le notan desproporcionados a través de su uniforme, armado de dos pistola y fusil israelí, de pañoleta ceñida a su cabeza, que dependiendo de su variable estado de ánimo, la remplaza por una boina negra, emulando al mítico guerrillero Mono Jojoy, en versión carnavalesca, porque, al verlo, no sabes si reír o llorar frente al miedo que produce un loco armado.
Su santuario lo establecieron entre el municipio de Tibú, el corregimiento de la Gabarra, y las zonas de fronteras, camino de la cooperativa que te lleva a Rio de oro, atravesando el mismo rio que lleva ese mismo nombre en el sagrado territorio Bari, es esa la zona de comodidad y tranquilidad del comandante Mechas.
Richard por su parte se estableció en el kilometro 19, entre Tibú y la gabarra, atravesando un rio que sirve de paso fronterizo con Venezuela, donde luego de cruzar sus aguas a unos cuantos metros te encuentras con un letrero fronterizo (Bienvenido a Venezuela y por el otro lado bienvenido a Colombia), continuas luego de pasar una tienda ya en territorio venezolano que le denominan casa de hierro, a unos 10 minutos encontraras un trapiche o molienda de cañas, con imágenes en sus paredes del Comandante Hugo Chávez y el Che Guevara, sigues avanzando y te encontraras con la finca llamada la Jabonera.
Este es el punto de llegada, donde a diario se preparan desde 50 platos de comidas en adelante, una infraestructura en madera, pisos impecables, servicios sanitarios en óptimas condiciones, adicional Wifi y televisión satelital, a sus alrededores cañaduzales en un lado, y cría de exóticas aves como avestruces y un par de Guacamayas, todo esto te lleva a pensar que visitas a narcos, no a hombres empujados por convicciones.
En el gobierno de Iván Duque, todo esto sucedía bajo la complacencia o la impotencia de las autoridades militares, que jamás han instalado un puesto de control a la orilla del rio, en la actualidad las cosas siguen normales, con mucha mayor tranquilidad por las firmas del cese al fuego entre el gobierno de la paz total y el fantasma de las farc en cuerpo ajeno, que se niega a hacer enterrado.
El comandante Richard, que ante cámaras se muestra como el mayor humanista frente a las necesidades irresueltas de los pobres, que habla de la construcción de centros de rehabilitación, es el mismo que produce la cocaína que los chicos consumen, de la que recibe furgones llenos de dinero, y quien administra el campo de concentración más grande entre Colombia y Venezuela, ante los ojos de cientos de personas que visitan al “carismático comandante”, para pedir su bendición a la hora de montar cualquier clase de emprendimiento de orden político, económico y social, todo se mueve por voluntad de Richard, ahora la pregunta ¿Qué dicen los lideres y defensores de los derechos humanos de la región y sus procesos sociales frente a esta clase de lugares, donde llevan a las personas en contra de su voluntad?.
La limpia de los cultivos, la molienda y la fabricación de la panela, lo hacen con la mano de obra de secuestrados por cometer faltas menores, como peleas en publico o ser infiel al esposo, la panela que allí se produce y con la que endulzas tú café, recuerda que se elaboró con las gotas margas del sudor y de las lágrimas, de quienes cayeron en manos de la pandilla de Jhon Mechas y sometidos a trabajos forzados, bajo el inclemente sol del estado del zulia, sin no tener donde denunciar o quejarse.
El legado criminal de las Farc se mantendrá por siempre, si nuestra sociedad no despierta y exige reglas claras a la hora de hablar de paz.

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