LA DECEPCIÓN FAMILIAR

Por: Hazzam Gallego

En el oscuro rincón de mi mente, se alza una batalla silente, una lucha entre lo que soy y lo que esperan que sea. A menudo, decepcionar a mi familia se vuelve una necesidad imperiosa, un paso vital para reclamar mi propia libertad, para afirmarme como individuo merecedor de mi propia felicidad y arquitecto de mi independencia. Desafiar los mandatos familiares se convierte en un acto liberador que me renueva por dentro y por fuera, al tiempo que fuerza a mis seres queridos a enfrentar la encrucijada de aceptarme tal como soy o permitirme partir.

Nada de esto es sencillo. En las primeras etapas de mi vida, una revelación emerge: la brecha entre lo que se me exige y lo que yo anhelo es palpable. Observo con asombro las discrepancias entre los consejos paternos y sus propias acciones, una distancia amarga entre las expectativas que depositan en mí y las que yo mismo construyo y abrazo.

Los mandatos familiares chocan entre sí como átomos, creando una materia invisible pero opresiva. Provenientes de creencias arraigadas, de exigencias y códigos transmitidos generacionalmente, estos dictados no solo se manifiestan en palabras, sino también en gestos y miradas que pesan sobre nuestros hombros.

Atrapados en un tejido de expectativas y creencias ajenas, nos moldeamos en silencio hasta que nos damos cuenta de que no encajamos en ese rompecabezas familiar. Nos enfrentamos entonces a la dolorosa realidad de una familia «funcional» que no lo es tanto, con sus silencios y evasivas que evitan el encuentro.

Lucas, un joven enfrentado a este conflicto, carga con el peso de las expectativas proyectadas sobre él. Nacido tras múltiples pérdidas, se convierte en el único superviviente de un sueño familiar. Sin embargo, su desempeño académico y personal no cumple con las idealizaciones parentales, y debe lidiar con la sombra de sus hermanos no nacidos, cuyas vidas imaginarias sus padres constantemente lamentan.

Cada crítica, cada consejo sin tino, profundiza su sensación de alienación. Ante la falta de comprensión y el peso de las expectativas inalcanzables, Lucas toma una decisión difícil: partir al extranjero en busca de su propia realización, consciente de que decepcionará a los suyos.

Superar la decepción familiar no es fácil. Requiere reconocer nuestra resiliencia como «ovejas negras», capaces de reaccionar y avanzar ante la adversidad. Implica buscar apoyo fuera del círculo familiar, mantener la asertividad al expresar nuestras necesidades y, sobre todo, aceptar que decepcionar puede ser un acto necesario para reafirmar nuestra independencia y crecimiento personal.

La decepción nos obliga a confrontar la imagen interna de nuestros seres queridos, separando la realidad de la idealización. Es un proceso doloroso, pero esencial para nuestra propia sanación y desarrollo.

«No temas decepcionar a otros cuando estás siendo fiel a ti mismo.»- Hazzam Gallego

Apoya a nuestros escritores donando en el siguiente link de VAKI:


Deja un comentario

Descarga la columna a continuación:


Sobre el autor:

Busca columnas por autor

Deja un comentario