Por: Jacqueline Maldonado Avendaño
Por la espesa noche transito, entre senderos desolados, oscuros, casi negros y lúgubres…
En ocasiones me acuesto sobre la algida hierba, de manera que, el cuerpo gravita y la mirada se extasía en la bóveda celeste,
los indescifrables sonidos de la naturaleza resuenan e invaden el espacio, el frío se apodera de la atmósfera y aparentemente el tiempo se suspende…
Nunca pienso en fantasmas, demonios, espectros o apariciones…
Pues he comprendido y entiendo que toda la maldad está albergada exclusivamente en lo humano.
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