Por: María Victoria Osorio Ardila
La fragilidad que caracteriza las relaciones matrimoniales o uniones libres, maritales o como se les quiera distinguir, se refleja levemente en los datos estadísticos que arrojan las Notarías del país despachos encargados de formalizar los trámites del matrimonio civil y así mismo, el divorcio o cesación de los efectos civiles del matrimonio.
Hace unos años se autorizó el trámite del divorcio – express – ósea cuando existe mutuo acuerdo entre las partes y se disuelve la unión sin controversia se podrá acudir a la Notaria. Por el contrario, cuando existe discusión será competencia de los jueces de la república, – jurisdicción civil o de familia, – sometido a un trámite más prolongado, dispendioso y hostil para todos los involucrados, cuyo dato desconocemos, seguramente copioso y aún más vergonzoso.
Los divorcios y las separaciones de hecho, se multiplican y crecen cada día, en una sociedad cambiante, donde los compromisos son efímeros y agobiantes, las relaciones se fabrican sobre cimientos de papel que rápidamente desaparecen, tal y como se consumió la torta matrimonial que disfrutaron por un instante los invitados al festín nupcial, aquel momento que solo podrá verse en fotos o videos, recordado como una anécdota pintoresca de quienes pretendían presumir un amor eterno, un amor fugaz que parecía más a un barco de papel.
De este desastroso resultado, sobreviven los hijos como náufragos, cada uno en una isla intentado ser feliz en medio de la tempestad que persistirá por un tiempo, la misma tormenta que marcara su destino, porque no se puede negar la realidad, aquel hijo que crece bajo la tutela de sus padres entre una convivencia sana y razonada, difiere de aquel hijo que crece en medio de los conflictos que se suscitan antes, durante y después del divorcio o la separación, aunado a la soltería de los padres o a la nueva compañía que llegue a integrar la familia compuesta por los tuyos, los míos y los nuestros.
Estamos ante un verdadero problema, no solo el estadístico que aterra a la opinión pública al final de cada año al publicarse el informe de la Superintendencia de Notariado y Registro, con datos inexactos de lo que realmente sucede, datos indignos de exposición.
El problema aflora en otros ambientes, bien pueden dar fe los psicólogos y los docentes en las instituciones educativas, lidiando con los diversos problemas que a cuestas llevan los niños y jóvenes, quienes atribuyen la causa de todos sus males a la separación o divorcio de sus progenitores.
Al parecer, la raíz del problema, es social, cultural, familiar, ególatra marcado además por la ausencia de inteligencia emocional, al panorama se suma la falta de comunicación y las decisiones apresuradas, idealizando un amor irreal el cual ante la primera dificultad desaparece y se plantea el inminente divorcio.
Esa es la explicación al incremento de los divorcios o separaciones que se muestra de manera aterradora, las parejas un día deciden convivir como si se tratara de un juego, de algo temporal que se termina en cualquier momento, relaciones desechables sin ningún sustento, las relaciones de pareja se alejan, la comunicación se fractura por la misma fragilidad sobre la cual construyó el proyecto común. Azotan las dificultades y todo se destruye, nadie quiere reconstruir, nadie quiere otra oportunidad, nadie quiere perdonar, solamente huir al mundo egoísta de likes y de apariencias.
Construir un proyecto de vida compartido, procrear y vivir en familia debería ser empresa viable y gratificante, en medio de la imperfección humana, seria cuestión de compromiso; de altas dosis de tolerancia y empatía; algunas jornadas de silencio; cuotas del necesario respeto y la infaltable confianza; paciencia por toneladas; lealtad y fidelidad trasformadas en el principal componente que ese proyecto necesita para su buen funcionamiento: El Amor.
El compromiso es consigo mismo, con la familia y con los hijos, ante el eventual divorcio
los hijos son los más damnificados, por circunstancias que ellos no propiciaron, los náufragos que deben y necesitan sobrevivir. Para ello, los libros salen al rescate, nuevamente los autores que comparten conocimiento y experiencia procurando a los lectores una vida más amable, podemos encontrar en los libros soluciones para evitar desastres y prevenir los dañinos efectos colaterales del divorcio o la separación de los padres que tanto inquietan y afectan a los hijos.
Es importante comprometer todas las energías para sostener y fortalecer el proyecto común, – obviamente con la voluntad de los dos extremos de la sociedad, pensando en el futuro juntos y en el bienestar de los hijos, seguramente se requerirá buscar la persona Vitamina como dice la Doctora MARIAN ROJAS ESTAPÉ, en su libro – ENCUENTRA TU PERSONA VITAMINA, o profundizar en el mundo de LA INTELIGENCIA EMOCIONAL, libro escrito por Doctor DANIEL GOLEMAN hace varios años, fuente de consulta obligada, así mismo deberíamos implementar y poner en práctica las reglas y consejos del señor DALE CARNEGIE, incluidos en su famosa obra: COMO GANAR AMIGOS E INFLUIR EN LAS PERSONAS, mencionando solo algunos de los innumerables y valiosos libros que entre otros fines, cumplen la misión de cambiar destinos, incluso cuando el divorcio es inevitable, los libros pueden contribuir a disminuir los efectos adversos que toda disolución conlleva.

Apoya a nuestros escritores donando en el siguiente link de VAKI:
Descarga la columna a continuación:
Sobre el autor:

Columnas recientes
Busca columnas por autor






Deja un comentario