EL PASO DEL TIEMPO

Por: Danny Gabriel Herrera Sánchez

En el paso del tiempo, la vida transcurre,
como ríos que fluyen y el viento que susurra.
El reloj avanza sin detenerse un instante,
mientras los días pasan como gotas en el aire.


En el amanecer, el sol pinta el horizonte,
despertando al mundo con su resplandor ardiente.
Las flores se abren, la naturaleza cobra vida,
y en ese instante, el tiempo se olvida.


Las estaciones cambian con su encanto infinito,
el invierno trae la nieve y un frío manto bonito.
La primavera renace, llena de color y alegría,
y el tiempo fluye en un constante vaivén de armonía.


El verano llega con su sol radiante y cálido,
bañando a las playas de un brillo enloquecido.
Las risas y el gozo se vuelven rutina diaria,
y el tiempo se escurre como arena en la bahía.


Y así, sin cesar, los años van pasando,
como hojas que caen en el otoño aterciopelado.
Las arrugas se posan como memorias en la piel,
y el tiempo deja su huella como un sello cruel.


Pero en el paso del tiempo también hay sabiduría,
las experiencias vividas se vuelven alquimia.
Cada momento es un tesoro que no se puede comprar,
y el tiempo nos enseña a valorar y apreciar.


En ese camino incierto donde se pierde lo vivido,
el tiempo nos recuerda que en el presente está el sentido.
Aprovechemos cada segundo de forma interna,
pues el paso del tiempo es una lección eterna.


En la fugacidad de tus manos voladoras,
aprendemos que no se puede esperar ahora,
a vivir y amar con intensidad,
pues el tiempo no espera, sigue sin piedad.


Tiempo, eterno y misterioso enigma,
nuestro gran adivino y salvador,
enseñas con cada amanecer y ocaso,
que vivir es el mejor regalo que ofrece el reloj.

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