Si has llegado hasta aquí buscando simplemente la miel insulsa que emana a borbotones de los discursos almibarados, lamento decirte que llegaste al lugar equivocado. Debo decirte que hace mucho elegí divorciarme de la rima y renuncié irrevocablemente a sus cánones sagrados. Prefiero que la palabra llegue a mí y se convierta en verso, mostrando su crudeza y su belleza sin más adornos que su sola presencia dándole música y color al silencio.
Si acudes a mí hallarás miel, es cierto. Pero la encontrarás aderezada con la sal que la melancolía lleva inevitablemente consigo, con el dulce gusto embriagante que sólo el amor sabe darle a la vida (junto con sus buenas resacas), la realidad y su limón ineluctable no pueden hacer falta, menos aún el gusto acre y lúgubre que la oscuridad del mundo puede tener a veces pero también podrás sentir el refrescante sabor de la esperanza pintando de verde hasta el desierto más árido y por supuesto el picante de la lujuria en su dosis exacta y necesaria….
Y si has llegado hasta este punto es porque de una u otra forma has disfrutado hasta el último bocado de la poesía que en mí habita y que a tí traigo ahora siempre a menos llenas.
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