Música suave de batir de alas y figuras de plumas brillantes encontrándose en castillos de dulce miel. Besos de sutileza exquisita donde se comparten el néctar de la primavera y la magia de tu encanto.
Al batir tus alas abrazas el vibrante mundo, al revolotear flores las impregnas de tus colores. Al dejarte contemplar creas cascadas y arreboles de magia con cada coqueteo apresurado.
Ni cuánticamente ni tántricamente… solo amas a la flor tanto como ella te ama a tí. la amas en un solo contacto, vibrante e impetuoso, entre melodías de Beehtoven y atardeceres míticos del Olimpo.
En el preludio avistas en cámara lenta, en el éxtasis te suspendes con magia antigravedad, en el después has cumplido tu objetivo.
Esta noche la visitaré a ella como el colibrí a su flor te daré la imagen de mi alma y el brillo de mis plumas de fuego. Y tomaré de tus entrañas la semilla de la perpetuidad entre gemidos placenteros.
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