Lloverá. El cielo se desangrará transparente sobre la tierra a la par que todo se irá tiñiendo de gris y los altos edificios verán a los ojos a un sol nublado y frío adueñarse del cénit. Lloverá el denso manto de la niebla se extenderá sobre los cerros al desplomarse el termómetro a los seis grados mientras dibuja sus tenues arabescos en el paisaje sabanero. Un frío glacial devorará uno a uno los huesos de la multitud más que de costumbre, haciendo que en masa (como si habitásemos todos una misma piel) busquemos refugio y santuario bajo las cobijas, en casas, oficinas o en cualquier rincón de esta urbe caótica y mágica de calles largas e inciertas. Lloverá. El desgranar de cada gota helada perforará en vano las calles, sembrará infinidad de mares diminutos en el asfalto y en un sinfín de orquídeas transparentes hará florecer la melancolía.
Y mientras tanto, tú calor será el gran ausente en esta tarde lluviosa.
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