EL ADULTOCENTRISMO COMO MÁXIMA EXPRESIÓN DE IRRESPETO A LA INFANCIA

Por Stephany Cp.

¿Cuántos de nosotros escuchamos la pesada frase «porque yo soy el adulto y punto» durante nuestra infancia, a menudo acompañada de violencia física, gritos o castigos? A veces, dicha frase se pronuncia con débiles argumentos de autoridad debido a la incapacidad de gestionar los desbordes emocionales de un menor. Como mencioné en una columna anterior, decidí leer y aprender sobre maternar con amor y respeto desde antes de quedar embarazada. Este camino me llevó a descubrir la «crianza respetuosa», un término originado en España dentro del proyecto «Criar con sentido común». La teoría del apego desarrollada por el psicoanalista John Bowlby sirve como base teórico-práctica para esta forma de educar a los hijos.

Esta forma maternar y paternar, como su nombre indica, parte del derecho más básico: el respeto. Irónicamente, ¿no? Aunque todos merecemos respeto, muchos adultos consideran a los niños como inferiores, resultando en un trato displicente, grosero, tosco e intransigente. Después de leer mucho, comprendo que estos comportamientos «adultocentristas» provienen de una crianza con una autoridad mal ejercida, que creo que un importante porcentaje de la población experimentó. Responder a la pregunta o acción de un niño con un simple «porque lo digo yo que soy el adulto y punto» deja mucho que pensar. Un ejemplo de esto se ve en la película «Matilda» de 1996, cuando el padre adoptivo le dice: “Escucha niñita genio, yo soy grande y tú pequeña, yo soy listo y tú tonta y eso no vas a poder cambiarlo”. ¿Realmente queremos seguir educando a los niños así? La educación no es solo responsabilidad de los padres, sino de la tribu que los rodea (abuelos, tíos, hermanos mayores y adultos cercanos a la familia), incluso los docentes completan ese trabajo en las aulas. Por eso es crucial que todos cambiemos la mentalidad autoritaria y totalitarista que proviene de esa crianza cavernícola. ¿Cómo? Buscando sanar las heridas maternas y paternas que tengamos. De ahí proviene todo lo que está bien y mal en nosotros..

Maternar/paternar ya es complicado para quienes optamos por no regirnos por la «cultura», pero quitar ese «poder» adultocentrista a los demás adultos que rodean al niño es aún más difícil. Pedirle a alguien cercano en tu círculo de amigos o familia: «por favor, no manotees a mi hijo, no le grites, ten paciencia y explícale con calma que no es un adulto, no entiende completamente lo que le estás diciendo» ¡es una tarea titánica! Capaz de desencadenar la tercera guerra mundial en el entorno..

Tratar a los menores como adultos, esperando que comprendan, hagan o sean algo más allá de su capacidad, es una tendencia de la sociedad que ha tenido consecuencias. Ejemplificándolo, frecuentemente vemos en redes sociales videos que a muchos les parecen «tiernos o graciosos» de niñas de 3 a 5 años realizando coreografías de bailes no apropiados para su edad. Son los adultos quienes les exponen a esa música o les permiten ver esos videos, y luego, cuando tienen entre 12 y 15 años, queremos mantenerlos «presos» en casa porque tienen parejas y quieren salir. Estos comportamientos causan daño a la sociedad; pocos niños siguen siéndolo a los 15. Cambian juguetes, juego físico y deportes por tabletas y celulares, y adivinen quiénes les proporcionan esas cosas… los adultos de su entorno. Es momento de reconsiderar la infancia y permitirles ser hasta donde corresponde..

Cuidado, no quiero insinuar que debamos volvernos permisivos; una cosa no está relacionada con la otra. La crianza respetuosa o positiva se fundamenta en establecer límites claros para el niño con autoridad, prescindiendo de gritos o cualquier forma de maltrato. Todo debe llevarse a cabo bajo la sencilla premisa del respeto hacia el otro, considerando sus gustos, elecciones y preferencias. Algunos límites son no negociables, como aquellos que puedan poner en riesgo su integridad o salud, como correr con objetos cortopunzantes o insistir en cenar alimentos no saludables constantemente..

Como dice el Dr. Carlos González, médico pediatra español y destacado defensor de este enfoque de crianza, además autor de libros significativos como «Creciendo juntos, de la infancia a la adolescencia con cariño y respeto»: «tienes autoridad, pero esa autoridad tiene límites». Si usted, como adulto que forma parte de la vida de un niño, siente que debe mejorar algo, le recomiendo leer a González y seguirlo en sus redes sociales. Estamos a tiempo de sanar a nuestro niño interior a través de nuestros hijos y brindarles una infancia que recuerden con amor, en lugar de una que deban sanar de adultos..

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