DISCULPA NO HAY PLATA PARA EL ARTE Y LA CULTURA

Por: Jefferson Andrés Rodríguez

El pobre sentido de pertenencia en las artes, la poesía y la escritura en Norte de Santander en las posiciones de poder y en la gobernanza es notable, región a quien todo gobernante esto del arte y la cultura le queda grande, le corresponden burlas. Y eso es sano porque se dirigen a los imbéciles que accidentalmente dirigen el arte y la cultura de la región.

Años terribles en nuestro valle de Cúcuta. Todos estamos rodeados del pretexto de la crisis migratoria, de la situación de violencia e inseguridad del municipio de Cúcuta, de la pandemia del coronavirus en medio del enredo político de la revocatoria del anterior alcalde de Cúcuta del ingeniero Jairo Tomas Yáñez.

Pero esto nos queda grandes a todos, lo más pretenciosos recurren a las corporaciones o fundaciones financiadas por cooperación internacional o por estímulos a nivel local, regional y nacional. Que describen la peste histórica, de la no profesionalización de los artistitas y gestores culturales. Pero no hay plata para al arte y la cultura.

En mundo cada vez más plano, a partir de la globalización, de influenciadores en su modelo de cadena de valor por valor de suscripción, podcast, de plataformas de aprendizaje online, de video juegos, de desarrolladores y programadores web, de artistas visuales en cortometrajes y largometrajes en sus expresiones de documentales, películas y series en categorías de ficción, animación, documental, videoclip y experimental.

La creencia limitante que del arte y la cultura no se vive, es un estereotipo que debe discutirse y está en nuestras manos la misión de alcanzar la profesionalización de los artistas por todos los medios.

Como el hombre es un ser de bajas pasiones y fácilmente manipulable, entonces es más seguro gobernar con un grupo pequeños de personas, mencionar que la institución que gobierna esta empobrecida y a su paso desunir las distintas organizaciones para mantener el poder. Ese es el drama, la tragedia del poder que nunca corrompe si no desvela la intención personal de cada secretario de cultura y turismo.

Y los imbéciles de nuestros mandatarios disfrazados grotescamente con gorro militar lanza el grito en un concejo de seguridad de una base militar; ciego, sordo, sin olfato, insensible y mudo aunque locuaz el presidente de Colombia Gustavo Petro prometió de dar 1 millón de pesos para no matar, a lo que se sumó la decisión de la gobernadora del departamento del Valle de Cauca Dilian Francisca Toro para los jóvenes que presten servicio de la entrega de 1 millón de pesos y por último la demagogia de nuestro alcalde del municipio de Cúcuta Jorge Acevedo que aún sigue en campaña siendo electo prometió un bono de 2 millones pesos para quien preste servicio en la guerra.

Y cuando se les acaben sus ministros, sus concejeros, sus secretarios de despacho ordenadores del gasto, nombrados por 7 sedes, por Uribe o como pago a los financistas de las campañas, de los caciques políticos, los honorables concejales, diputados departamentales, por supuesto el poder de los congresistas y sus amigos, compañeros de universidad para enrocar unos con otros, pasar el caballo a donde la torre y el alfil donde la reina, como dicen de la alcaldía a la gobernación y en viceversa.

La verdad es que ni yo, ni nadie (y todos opinamos) sabe para dónde vamos si a la guerra o la paz en el arte y la cultura. Esto es muy triste y seguro alguien es el responsable, y son quienes han dirigido o pretendido dirigir el curso de nuestra historia.

A modo de conclusión la guerra y paz con sus respetivos disfraces; la guerra alimentada por la lucha contra las drogas en donde la estrategia de la paz es la solución de todos, pero no hay plata para el arte y la cultura, no es fácil encontrar un personaje que resuma lo que han sido nuestra historia de tragedia y comedia.

El para entonces presidente liberal de la república de Colombia Alfonso López Michelsen. Interrogado por el periodista Enrique Santos Calderón en su libro entrevista palabras pendientes sobre si se consideraba en algo responsable de la situación del país a finales de siglo XX, respondió con cínica sencillez: “Si soy responsable, no me doy cuenta”.

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