GUERRAS  UN MAL DE NUNCA ACABAR: Parte IV “LA GUERRA MAGNA 1860-1862” 

Por: Hender Puerto

Concentrados en los juegos de poder seguía avanzando el siglo XIX, guerras en los diferentes estados, constituciones ideologías, intereses religiosos crecían día a día, la guerra centralista y federalista antes de la independencia dejo tan marcado el país que a pesar que Bolívar, Santander y otros líderes lograron unir a estos dirigentes fue un punto clave de fraccionamiento ya que este poder  caracterizó todo este principio de vida republicana.

La Constitución de 1853 fortaleció el sistema federalista el final de la guerra contra Melo los engrandeció aún más y las reformas liberales avanzaban con fuerza ya que contaban con apoyos de sectores conservadores, sin embargo el ala radical de Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro fundadores del partido Conservador no podían concebir que las tradiciones y la vida religiosa fuese atropellada por “los rojos” como expresaba el señor Caro a los liberales, por lo tanto los movimientos políticos y la influencia promovían cambios hasta que Ospina logra la presidencia en 1857.

Se promueve una nueva carga magna y con ella el fortalecimiento del federalismo en el país, ya que le daba autoridad total a las regiones con amplio poder de crear leyes y elegir presidente designado por el gobierno central, en los años anteriores se tenía gran influencia de las regiones sin embargo el centralismo estaba muy bien estructurado y podía contralar la nación, por lo tanto la constitución de 1858 debilitaba ese poder centralista.

Las elecciones presidenciales fueron bastante reñidas ya que los conservadores y el clero católico apoyaron fuertemente al presidente electo, los opositores fueron Manuel Murillo Toro por el partido liberal y una alianza entre liberales y conservadores llamado partido nacional fue liderado por Tomás Cipriano de Mosquera, este último mostro su descontento desde el inicio ya que afirmaba que si Ospina triunfaba lo derrocaría con los liberales y si triunfaba Murillo Toro lo derrocaría con los conservadores, sin embargo para poder llevar a cabo este hecho necesitaba tener de su lado al mayor líder del partido liberal para la época el general José María Obando el cual era un enemigo irreconciliable. Una victoria para Mariano Ospina Rodríguez lo llevo al cargo presidencial y Tomás Cipriano empezó a mover sus fichas.

La nueva Carta Magaña no era del agrado del presidente y de todo ese sector conservador y clericó que salieron triunfantes por lo tanto se inició una serie de reformas que llevaron al nacimiento de la Confederación Granadina (nuevo nombre para el país) otras reformas con las potestades del ejecutivo sobre los estados, el sistema electoral y al ejército empezó a tener malestar en la mayoría de los estados soberanos.

Este malestar era una bomba de tiempo Mosquera anuncia la separación del estado del Cauca y Panamá además de revueltas en otros estados que querían la separación de gobierno de Bogotá, el inspector general del Cauca el conservador Pedro José Carrillo se sublevó contra el gobernador liberal de su estado quien era el general Mosquera, este hecho llevo el detonante pero faltaba algo que le diera fuerza a “Masca Chochas” para enfrentar al gobierno central empezando por derrotar a Carrillo el cual  fue la reconciliación con Obando, inmediatamente se desarrollaron las acciones bélicas en contra de esta sublevación y el afianzamiento de la guerra, las hostilidades llevaron al triunfo de los insurrectos y una movilización de hombres por todo el territorio, Ospina fue derrotado y condenado a muerte sin embargo la intervención del general Santos Gutiérrez cambio la condena por prisión donde se fugó junto con su hermano y lograron exiliarse en Centroamérica, el general Obando fue una de las principales bajas por parte de los liberales y surge la nueva carta magna para el país “La Constitución de Rionegro” y un nuevo nombre “Los Estados Unidos de Colombia”, una fuerte separación de la iglesia y el estado, la hegemonía liberal y el federalismo radical se empezó afianzar en el país.

La falta de industria en el país, la gran taza de pobreza,  falta de leyes consolidadas para la protección de la clase trabajadora, educación, infraestructura, empleo entre otras eran muy deficientes, los intereses de los caudillos y los partidos políticos entre otros fortalecieron estos conflictos, hay que tener en cuenta que la tasa de analfabetismo en el país era alta, por lo tanto una gran mayoría de los combatientes solo estaban allí por garantía de un pago mínimo y un plato de comida (en el caso de las milicias gubernamentales), los insurrectos o rebeldes se les garantizaban el alimento y algún pago extra; motivado además del fervor político o bipartidista que tomaba fuerza en la nación era fácil encontrar adeptos.

Estas guerras marcaban cada día a generaciones que transmitían los procesos a sus hijos y nietos, el rojo y el azul tomaba fuerza entre los futuros ciudadanos alimentando no solo el partido sino su odio.

Próxima semana V parte “La Guerra de las Escuelas 1876 – 1877”

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