EL YUGO DE LA MATERNIDAD:¡Ser madre sí pero no así!

Por: Stephany CP

Socialmente las mujeres hemos llevado sobre nuestra espalda a lo largo de toda la historia, el gran peso de venir al mundo sólo a reproducirnos y a criar. Aun en nuestros tiempos ese imaginario sigue intacto, pero con más carga, pues se pretende que trabajemos como si no tuviésemos que “criar” y que criemos como si no tuviésemos que trabajar. Muchas mujeres han debatido por mucho tiempo si tener o no hijos por esto mismo, pues mi generación ha tratado de liberarse de ese rol implícito con el que nacimos, haciendo un gran esfuerzo por estudiar y profesionalizarnos todo lo que podamos, para abrirnos campo en lo laboral y ante la sociedad.

El hecho de tener hijos o ser madres ha cambiado inclusive desde la forma de definirlo, aunque la RAE no contempla aún el término, ahora se habla de maternar/paternar, ya que el término “criar” se remonta a los cuidados básicos, mientras que la palabra maternar va más allá. Internet dice lo siguiente sobre esta hermosa palabra: «El verbo “Maternar” es cuidar desde el amor, desde la capacidad de establecer vínculos afectivos sanos, emocionales y energéticos”. Esto quiere decir que requerimos de más apoyo para ello, una madre necesita estabilidad emocional. La salud mental es vital para maternar desde el amor y no desde nuestras heridas de infancia sin sanar. Si la madre no goza de esto ya sea por un factor propio o ajeno, como, por ejemplo, presentar algún problema de salud mental que no esté atendiendo, que el padre de sus hijos (conviva o no con él) no ejerza su paternidad y una familia o círculo social que no la respalde ni la apoye.

Una madre agotada física, mental y emocionalmente, aunque pueda “rendir” en todo lo que hace (trabajo, casa, hijos y demás) llegará pronto a su límite, aunque se compruebe que nosotras por los hijos podemos con todo, llega un punto en que el cuerpo pasa factura, te deprimes y te enfermas; que eso le pase a una madre que está 100% entregada a su maternidad es lo peor que le puede pasar, porque hay unos hijos que dependen de ella. La madre necesita una fuerte y valiente red de apoyo. Ayúdenla a maternar con amor porque lo deseamos hacer así; parejas, amigos, familiares ¡empaticen con ella! Ofrézcanse para los quehaceres del hogar, para llevar y recoger a los hijos de sus actividades o colegios, para estar pendientes de ellos algunas horas mientras mamá toma un descanso, mientras sale a tomar un café con una amiga, mientras va a cine o mientras sale una noche de rumba ¿por qué no?, ¿Por qué es tan mal visto que una madre siga disfrutando de la vida? La maternidad no debería ser una cárcel social. Si no la critica la pareja, lo hace su familia o algunas “amistades” y para completar, la sociedad en general.

Muy seguido escucho comentarios que le hacen a las madres como los siguientes: “esa tiene gemelos y sale de rumba ¿será que quiere otros dos más?”, “yo la veo siempre viajando, pobres de sus hijos, estarán siempre solos” o “tiene una persona que le ayuda en la casa, ni aseo hace”. Lo peor de todo es que la sociedad no dice lo mismo sobre los hombres que son padres y no paternan y el asunto empeora cuando se es madre soltera. El padre puede rehacer su vida, incluso inmediatamente se separa o abandona a su familia y no pasa nada, pero si lo hace la madre se escuchan comentarios como: “no ha pasado ni un mes y ya le encontró papá a los hijos”, “esa ya está mirando a cuál atrapar para que se los mantenga” entre otros más que son bastante desobligantes.

Ser madre no ha dejado de ser una cárcel intangible para las mujeres. Ser madre no ha dejado de ser un “sacrificio” que la mujer debe hacer si quiere tener hijos, porque si la madre no sufre, no es madre. Si la madre trabaja, mal porque “descuida” a los hijos, si la madre no trabaja, mal porque “es una mantenida”, si la madre hace ejercicio, “mal” porque debe estar pendiente de sus hijos, si la madre tiene algún pasatiempo, “mal” porque ¿y quién cuida a los niños?” como si no tuviesen un padre que deba ejerza su paternidad y encargarse también de los niños ¡Ser madre sí pero no así! La maternidad no tiene que ser eso, no tenemos que parecer o ser esclavas de un rol en pleno 2024. Este bonito “trabajo” debe repensarse también desde el ámbito laboral, aunque hay leyes que nos amparan, siguen despidiendo mujeres en embarazo, muchos jefes siguen negando la hora de lactancia a sus empleadas o niegan permisos para alguna situación urgente sobre sus hijos.

Naturalmente, todos los extremos son malos, quien se vaya a cualquiera de ellos, necesita ayuda y apoyo, por eso el mensaje de esta columna es: no dejen a la madre maternar sola y respeten su forma de hacerlo. Aunque se esté rodeada de gente, la soledad es inminente, precisamente, porque materna sola, porque nuestros límites son irrespetados continuamente con comentarios como: “pero yo le di azúcar a mi hijo y no le pasó nada”, “pero yo le pegué a los míos y ahí están, son personas de bien”, “usted está malcriando a ese bebé, no lo alce tanto”.

Maternar y paternar sale de lo más profundo del corazón e incluso, desde las heridas más profundas generadas en nuestra infancia y quienes nos atrevemos a hacerlo así, sólo queremos intentar lo mejor por nuestros hijos, maternar también es de prueba y error. Por favor, más escucha, más comprensión, más apoyo, más empatía y menos críticas destructivas ¡ese pequeño ser humano merece lo mejor y necesita una gran tribu para obtenerlo! El mundo y la sociedad dependerán de ello.

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