EL VERDADERO ESPÍRITU NAVIDEÑO

Por: Miriam Ureña

En esta temporada tan especial, donde las luces destellan con alegría y el aire se impregna de un sentimiento único, es esencial reflexionar sobre el verdadero significado de la Navidad. Más allá de los regalos envueltos con esmero y las mesas repletas de manjares festivos, la esencia de esta celebración radica en el amor que compartimos con nuestros seres queridos, especialmente con aquellos que han acumulado sabiduría a lo largo de los años: nuestros adultos mayores.

En esta época del año, alrededor de la mesa de la cena navideña, se revela la magia de la unidad familiar. Es un momento propicio para rodear a nuestros abuelos, padres y demás ancianos con el amor y la atención que merecen. A menudo, en la vorágine de la vida diaria, olvidamos la riqueza que aportan a nuestras vidas con sus historias, experiencias y, sobre todo, con el amor incondicional que nos brindan. La Navidad es la ocasión perfecta para recordarles cuánto significan para nosotros y agradecerles por su influencia positiva en nuestras vidas.

En el núcleo de esta celebración, encontramos la oportunidad de reforzar los lazos familiares, fomentar la reconciliación y practicar el perdón. La cena navideña se convierte en un banquete de amor y tolerancia, donde las diferencias se dejan de lado y el perdón ocupa un lugar central. Al perdonar y olvidar, abrimos las puertas a la paz interior y a la armonía familiar, creando un ambiente propicio para recibir al Niño Jesús con corazones abiertos.

La Palabra de Dios, en esta temporada especial, adquiere un significado más profundo. La lectura de las Escrituras y la reflexión sobre los valores cristianos nos conectan con el verdadero propósito de la Navidad: la llegada del Salvador. Es un recordatorio de la importancia de la fe y la espiritualidad en nuestras vidas, guiándonos hacia un camino de amor, compasión y humildad.

La preparación de la cena navideña se convierte en un acto de amor tangible. Desde la elección de los ingredientes hasta la cuidadosa elaboración de cada platillo, se refleja el deseo de crear momentos significativos para compartir con la familia. La cena no es solo una experiencia gastronómica, sino un ritual que une a generaciones, creando recuerdos imborrables y fortaleciendo los lazos familiares.

En este tiempo de reflexión y celebración, recordemos expresar nuestro amor a nuestros seres queridos con palabras sinceras y acciones bondadosas. Que la Navidad sea más que un intercambio de regalos, que sea un intercambio de amor, perdón y gratitud. Al hacerlo, estaremos construyendo un legado de valores que perdurarán a lo largo del tiempo, llevando consigo la esencia del espíritu navideño a través de las generaciones venideras. ¡Feliz Navidad!

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