MAS ALLÁ DE LOS ESPEJOS

De: Elizabeth Villamizar.

En lo profundo de nuestras vidas, a menudo nos encontramos inmersos en la búsqueda interminable de la perfección, obsesionados por la imagen reflejada en los espejos de la vanidad, es tan fácil perderse en ese laberinto oscuro, donde cada rincón está decorado con la presión de cumplir con estándares irreales de belleza, impuestos por una sociedad que olvida la esencia única de cada ser.

La vanidad, ese velo que cubre la autenticidad, nos envuelve en una danza de ilusiones y expectativas superficiales, es tan injusta que nos hace olvidar que la verdadera belleza no reside en la apariencia externa, sino en la autenticidad del alma, en las cicatrices que cuentan historias de superación y en las huellas de nuestras experiencias que nos moldean.

Vamos por la vida cargados de opiniones y juicios absurdos, que olvidamos que cada uno de nosotros es un universo completo, lleno de sueños, desafíos y anhelos, es por ello que cada vez que escucho comentarios como: ´´hoy tienes ojeras’’ sin saber que la noche anterior me desvele por terminar deberes académicos o simplemente no pude dormir ‘’no tienes las uñas arregladas´´ acaso eso define algo particular en mí o el horrible ´´te hace falta maquillaje´´ ¿Quiénes somos nosotros para reducir la complejidad de otro ser humano a un simple comentario sobre su apariencia? ¿Cómo nos atrevemos a juzgar lo que no conocemos, a medir la valía de una persona por la superficialidad de su imagen?

Qué bueno es descubrir que la vanidad es una máscara que oculta la esencia verdadera, una cortina que distorsiona la realidad, somos tan injustos en ocasiones que vulneramos la fragilidad de la autoestima con la necesidad desesperada de aceptación y amor genuino.

No opinar sobre la apariencia física de los demás es un acto de respeto, una reverencia hacia la individualidad y la diversidad, cada ser es un lienzo único, pintado con experiencias, con colores que narran historias de amor, pérdida y crecimiento.

En nuestras palabras y acciones yace el poder de construir o destruir, optar por no opinar sobre la apariencia física es elegir la compasión sobre el juicio, la empatía sobre la crítica y reconocer que la verdadera belleza reside en la autenticidad, en la conexión con los demás, en la capacidad de apreciar la diversidad que enriquece nuestro mundo.

Miremos más allá de los reflejos en los espejos de la vanidad y adentrémonos en la profundidad de los corazones, la esencia que nos une a todos en nuestra vulnerabilidad compartida, la verdadera belleza no se encuentra en la apariencia perfecta, sino en la autenticidad que irradia desde adentro, antes de hacer un comentario a otra persona recuerda que las palabras tienen el poder de sanar o herir, y que, al optar por la comprensión, podemos contribuir a un mundo donde cada uno se sienta valorado por lo que es, más allá de cómo luce.

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