SOBRE EL NARCISO

Por: Chavelly del Pilar

Observo el rostro limpio, el reflejo de una juventud, es ahora, ahora que sucede la imagen estilizada, mi imagen se aterra de su reproducción, es horrible el ahora que se desvanece del presente, y ya no es.


Mi rostro, mi cuerpo, se van con el tiempo los gestos genuinos de una mirada, se va, se está yendo, ANGUSTIA.


Observo, observo, miro. Me detengo y contemplo lo que otros ven a ligerezas, lo que afuera miran en eternidad. Yo me detengo y me asusto porque se va.
Una imagen desvaneciendo y siendo intacta, olvido la imagen del pasado, el espejo se opaca y yo solo tengo el ahora.


Cuanto cambian las bocas, los ojos, el pensamiento y el alma. Sigue intacta la vida, sólo eso permanece en cuanto mi cuerpo se mira.


Piensa el cuerpo, en tanto cree en el mañana, y aun siendo ahora, ya lo extraña, en el instante mismo que mira, extraña, porque se va, se sigue yendo. Y ya no será tan fácil seguir mirando.


Me miro en el espejo y no veo mi rostro He desaparecido: el espejo es mi rostro. Me he desaparecido; porque de tanto verme en este espejo roto he perdido el sentido de mi rostro o, de tanto contarlo, se me ha vuelto infinito o la nada que, en él, como en todas las cosas, se ocultaba, lo oculta, la nada que está en todo, como el sol en la noche, y soy mi propia ausencia frente a un espejo roto.

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