LA MUJER Y LA VIOLENCIA EN LAS ZONAS DE CONFLICTO

Por: Nerio Luis Mejia

A lo largo de la historia el rol que han jugado las mujeres en el justo reclamo por alcanzar el reconocimiento de sus derechos, se podría calificar como medianamente exitoso, debido a las dificultades que deben enfrentar en un mundo dominado por el concepto machista, que aún se enquista en el seno de nuestra sociedad.


Desde su aprobación en el año 1954, a través del acto legislativo No 03; que le confirió el derecho al voto a las mujeres en la dictadura del General Rojas Pinillas, no fue hasta el 1 de diciembre de 1957, que pudieron hacer efectivo su derecho al voto; en el plebiscito que aprobó, la propuesta del Frente Nacional en la que el los partidos liberales y conservadores se turnarían en el poder.


Al cumplir 66 años de ejercer su derechos como ciudadanas las mujeres siguen enfrentando un sin números de barreras que obstaculizan el pleno ejercicios de sus derechos, especialmente en aquellas regiones marcadas por la violencia, fruto del conflicto interno que golpea con más fuerzas los sectores rurales, donde las mujeres se les mira y determina como propias al ejercicio de las labores domésticas y lo que más dolor nos genera, es su consideración como un objeto o trofeo de guerra de uso sexual, las estadísticas lo demuestran, que en esta absurdo conflicto han sido en su mayoría las niñas y adolescentes que han resultado con mayor afectación, sin más explicación, solos por el hecho de ser mujeres.


En este mundo de dominio masculino, donde las mujeres levemente han alcanzado parte del reconocimiento de sus derechos, como al trabajo en los oficios de acuerdo a sus profesiones, no escapan a la discriminación social de la que ya estamos acostumbrados.


Lo que debería llamar la atención sobre la protección especial que deben gozar las mujeres, en cada uno de los roles que desempeñan, sus voces no deben ser silenciadas, por el contrario, deben ser más escuchadas y respaldadas, ya que son ellas las que constituyen el primer logro de libertad en la historia política moderna de nuestro país, su papel en la organización social de nuestro territorio es fundamental por lo que no estaría demás mencionar aquellas funcionarias de las distintas instituciones y organizaciones que hacen parte de la defensa de los derechos humanos en el Catatumbo, las lideresas, las docentes y todas las mujeres rurales que no solo luchan por la conquista de los derechos constitucionales, si no que deben enfrentar las condiciones del clima, el conflicto y el estigma que arrastran por su género.


El departamento de Norte de Santander, tiene en cada rincón de este gran vasto territorio mujeres valientes, que en función de su trabajo y el serio compromiso con la sociedad han tenido que experimentar el constreñimiento, las amenazas, los abusos, como los que tuvo que soportar la Abogada, Claudia Ariza, excelente profesional quien con decoro desempeño el cargo de comisaria de familia en el municipio de Hacarí, Norte de Santander, y quien por presión ejercida en relación con su oficio, incluido el robo de su motocicleta como una forma de limitar el acceso a la justicia de las mujeres rurales, niños, niñas y adolescentes ya que en este vehículo se desplazaba a los lugares atendiendo esta población objeto de especial protección, la profesional del derecho se vio en la obligación de abandonar el territorio, haciendo entrega de su cargo a quien la sustituyo desde la ciudad de Ocaña.


Lo de Claudia Ariza no se puede permitir, en una sociedad de hombres, que empequeñecen el papel de la mujer y que mediante las amenazas expresan la discriminación que cada día hacen del Catatumbo y de Colombia una región habitada por mujeres con carácter en un país de cobardes, hoy la abogada Ariza, me confiesa sus tristezas, sus ilusiones y el deseo de seguir trabajando en donde quiera que se encuentre, por las reivindicaciones de la mujer rural, de las niñas, niños, y adolescentes que necesitan ser escuchados y su voces no se pierdan en el infinito silencio en las zonas de conflictos.

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