SEMBRANDO SEMILLAS DE FE

Por: Miriam Ureña

Queridos padres, madres y apreciados lectores,


Permítanme adentrarme en el rincón sagrado de la enseñanza de la fe, un espacio donde las semillas de valores y principios son sembradas con amor y respeto. En mis clases de catequesis, intento siempre compartir una reflexión profunda sobre el poder de incentivar la fe en Dios en nuestros niños, niñas y adolescentes.


En el ajetreo de la vida cotidiana, a veces olvidamos que la fe no es solo un deber dominical, sino un camino que se recorre día a día. ¿Cómo podemos encaminar a nuestros pequeños hacia Dios en un mundo que parece estar en constante cambio? La respuesta, queridos amigos, está en la familia, ese cimiento sólido donde las bases de la fe son moldeadas con paciencia y amor.


Enseñar a nuestros hijos sobre el temor a Dios no se trata de infundir miedo, sino de guiarlos hacia un respeto profundo por la divinidad. El temor a Dios no es temor a castigos, sino una reverencia que nos recuerda nuestra posición humilde frente a la grandeza del Creador. Es el reconocimiento de que estamos sostenidos por una fuerza mayor, una guía amorosa que ilumina nuestro camino.


La catequesis en el hogar va más allá de llevar a los niños a la iglesia los domingos. Es un compromiso diario de modelar los valores que reflejan la enseñanza de Jesús. Es enseñarles sobre el amor incondicional, la compasión y la bondad, valores que fluyen del corazón de Dios. Cada gesto de amor en casa es una lección que se imprime en el alma de los pequeños.


La familia es el primer santuario donde los niños experimentan la presencia de Dios. Desde la sencillez de una oración antes de dormir hasta la bondad compartida en la mesa, cada momento ofrece una oportunidad de conexión espiritual. Recordemos que Dios está presente en nuestra vida cotidiana, no solo en el silencio de la iglesia, sino en la risa de los niños y en el apoyo mutuo en momentos difíciles.


La fe no debe ser un concepto abstracto, sino una realidad vivida en el hogar. ¿Cómo esperamos que los niños encuentren a Dios si solo lo buscan en la iglesia? Invitemos a Dios a ser un miembro más de nuestra familia, participando en nuestras alegrías y consolándonos en las tristezas. Que el hogar sea un lugar donde la fe no solo se hable, sino se viva con autenticidad.


En este viaje de fe, recordemos que la catequesis en el hogar es un regalo que ofrecemos a nuestros hijos. Sembremos semillas de amor, comprensión y paciencia, confiando en que, con el tiempo, florecerán en una conexión profunda con Dios. Que cada palabra y acción en nuestro hogar refleje la luz divina, guiando a nuestros pequeños hacia el camino del amor y la fe.


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