A LAS MATAS SE LES HABLA CON EL CORAZÓN

Por: La Nonita del Pueblo

¡Ay, mis amores! Dejen que esta vieja abuelita les hable de uno de los secretos más importante de nuestro campo, el poder de hablarles y conversarles a nuestras matas.


Este es un secreto que guardo entre mis raíces, algo que aprendí de los abuelitos que me criaron en este rincón del Catatumbo, donde las palabras saben a tierra y las matas son como amigas que nos escuchan. Sí, les hablaré del poder de hablarle a las matas, una magia que se cuece a fuego lento en los corazones campesinos.


En estas tierras, no hay prisa que valga, y nuestras matas lo saben. Así como cuando uno comparte un buen café en la cocina, nos sentamos al atardecer y les hablamos con el alma. «Ay, mis matas bonitas, crezcan fuertes como los árboles del monte, con raíces profundas y hojas que bailen con la brisa». Palabras sencillas, pero cargadas de cariño.


Aquí, el vinagre es nuestro aliado contra esos bichitos entrometidos que quieren fastidiar la fiesta de las matas. No hay alquimia complicada, solo un poco de vinagre, agua y el don de proteger a nuestras amigas verdes. ¿Y las vitaminas? ¡Ah, esas pequeñas botellitas que mis nietos traen del pueblo! Les ponemos un chorrito, como quien le da un trago de agüita bendita a un niño.


Las matas, que son más listas de lo que muchos piensan, nos agradecen con creces. Se nutren de nuestras palabras, como si tomaran un traguito de energía pura. Y yo, en cada charla, les cuento sobre el Catatumbo, sobre las tardes de lluvia y los atardeceres pintados de colores que solo este rincón sabe ofrecer.


El agradecimiento de las matas es algo que se siente en el alma. Cuando las veo crecer tan bonitas, con sus flores radiantes, siento que la tierra nos sonríe de vuelta. ¡Y no hay alegría más grande que ver a las matas crecer con ese brillo en los ojos!


Así que, mijitos, les invito a probar esta magia de hablarle a las matas. No necesitan palabras rebuscadas, solo hablen con el corazón, como quien cuenta cuentos bajo la luna. Dejen que las matas les escuchen, y verán cómo responden con un regalo de colores y aromas que alegrarán hasta el alma más cansada.


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