POCO A POCO LE DEJO IR

Por: Linda Villamizar

Cada beso se sentía como una última despedida, aunque nunca era así del todo, era en un poco a poco.


Un abrazo suyo que generaba melancolía, la tristeza de saber que por más cariño que sintiera hacia él, no sería suficiente para que decidiera elegirme.


Después de todo, no podemos forzar esa conexión, aunque siempre fuese mi prioridad verle bien, en algún momento debía dejar de hacerlo, debía dejar de elegirlo, porque solo así me permitiría elegir a alguien que me quisiera igual, en una reciprocidad, nadie se merece menos que eso.


Decidí memorizar su rostro, sus palabras, sus caricias, sus abrazos y sus besos, no era su culpa no quererme como yo lo hacía, nunca me dijo que me elegía.


Era mi responsabilidad decidir alejarme para no herirme más con esa falsa esperanza de que alguna vez podría estar para mí.


La esperanza de que alguna vez él me miraría a los ojos, y me diría: quiero estar contigo.


Esa esperanza debía morir, pero era tan resistente, le pensaba aun cuando él desaparecía, aun cuando decidía no ser parte de mis días, yo le extrañaba.


Era él mi debilidad, podría aparecer y decidir querer mi compañía, entonces, la tendría.


Nunca supe en qué momento mis sentimientos cambiaron tanto, lo centrada que era con no sentir algo más que tan solo la amistad de repente ya no existía, me había cegado por lo bien que se sentía estar a su lado, y entonces ahora sólo sabía que le quería.


Al no tener una respuesta de su parte, entendí que el silencio ya lo era, su intención nunca fue herirme, así que cómo alejarme del todo, si aún podía tener mi rostro en su pecho mientras me abrazaba, por qué dejarlo ir, y dejar de escuchar latir su corazón.


Hasta que quise más que eso, quería su cariño de vuelta, quería que se sintiera seguro de que era yo a quien elegía, al no tener eso, mi pecho no dejaba de doler, mis ojos se nublaban aun cuando le tenía en frente.


No podría hacerle sentir culpa, no fue su elección, fue la mía, así que le dejo ir en un poco a poco, estoy segura que alguna vez dejaré de estar nerviosa cuando le vea, y sus abrazos ya no harán que me quiera quedar allí.


Poco a poco, su compañía ya no será mi lugar seguro, ni mis escritos llevarán por título su nombre, ni su abrazo será lo único que quiera cuando mi alma se sienta agobiada.


Poco a poco le dejaré ir, poco a poco le dejaré de extrañar, pensar y querer, entonces ya no habrá marcha atrás, poco a poco me habré ido, y su nombre ya no hará acelerar mi corazón, ni sentiré nostalgia al recordarle.


Poco a poco la esperanza desaparecerá y mis sentimientos por él dejarán de existir, poco a poco, con calma, su vida ya no será parte de la mía, y entonces aunque no diga adiós, ya no regresaré jamás.


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