Poema: MANDARINOS

Por: Marcela Espinosa

A griche mi alma gemela, mi caja de secretos, mi reto más grande, los zapatos que nunca podré llenar y el corazón que nunca me dejara de amar.


A mi hermano, mi casa, mi hogar.


No cambia nada
desde que no estás, la casa se ha quedado muda sin tu voz,
el silencio es ensordecedor,
las risas se mudaron junto contigo y la ausencia es tan palpable como el vacío que ronda tu habitación.


Las noches llegan con más prisa pues esperan ansiosas tu regreso,
ya no hay zapatos en la sala ni vasos en la mesita de noche que hagan saber que estás ahí.
Los gritos se esfumaron casi por completo y los abrazos después de un mal día no se sienten más.


Las flores continúan floreciendo y los árboles de mamoncillo se siguen cargando a reventar,
el parque sigue atiborrado de niños parlanchines y ruidosos, la música de casa vecinas sigue inundando la callejuela.


Los lunes siguen siendo lunes el café es un poco menos dulce, el amor se siente triste, es que nada cambia,
pero nada es lo mismo desde que te fuiste.


Lagrimas corren por mis mejillas y de mi boca sale una plegaria,
Un abrazo para tus juguetes que en algún momento quise que fueran míos.
Un abrazo a tu forma de ver la vida que envidie por muchos años, un abrazo a tu risa que calmo Durante duros momentos mi llanto.


He amado tu presencia como odiado tu ausencia.


He vivido con orgullo de tener tu sangre, y tu apellido.


No cambia nada, pero todo pierde sentido al no tenerte aquí
Del mandarino que florecía en mi corazón con tu presencia hoy solo brotan mandarinas amargas de añorarte.


No me olvides mi alma nunca dejes de amarme no me arranques de ti no pretendas olvidarme.


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