Poema: “AY, AY, AY, CONTIGO”

Por: Alexei Sierra

Humberto pasó muy apresurado
pero se detuvo para saludarme
y más que eso para poder contarme
hacia dónde iba tan bien perfumado.


A su negocio fue una chica hermosa
que susurró a su oído mientras bailaba
que vivía sola y que si la visitaba
pasarían de una forma esplendorosa.


Llevaba Humberto un buen mercado
para unos cinco días con ella pasar
y sus energías poder renovar
porque iban a estar solos y encerrados.


Dijo que había sido terrible “muy trinca”
enfrentar la mirada de Ana, su mujer,
y decirle sobrio que se iba a ver
y tal vez negociar su anhelada finca.


Para despedirse se quitó sus lentes
mostraba a su mujer esa gran valía
“vuelvo tal vez en cinco días”
y le dio sonoro un beso en la frente.


Me dijo “me voy, me están esperando”
y se fue a su cita lujuriosa
era a tres cuadras, cercana la cosa
y yo seguí mis dibujos pintando.


Pero hay situaciones que no están resueltas
pasa lo impensado, pasa lo imprevisto
veo para la calle y mis ojos han visto
al amigo corriendo de vuelta.


Humberto gime, suda e implora
su actitud es de alguien que viene huyendo.
“¿Qué sucedió?” yo le voy diciendo
“si solo ha pasado una media hora?


Me dice que al llegar todo normal
que su chica hermosa lo estaba esperando
y sin más espera fueron iniciando
el tiempo no se iba a desperdiciar.


Dijo que el primero fue espectacular
que como semental se había comportado
y que por la edad había necesitado
algo de descanso para reiniciar.


Cuando estaba así meditabundo
ella empieza de nuevo su acariciar
dice con firmeza que hay que comenzar
el acto del pletórico segundo.


Humberto le mira de soslayo
y le dice “es que fuerzas no conservo
fíjese en la edad que yo tengo
siempre pesa el tener 60 años”.


Ella le revisa sus bolsillos
le dice “esto sí es una decepción,
le responde, vinimos a hacer el amor”
y se fue a la cocina por un cuchillo.


El Humberto busca salir a toda prisa
mientras ella intenta acuchillarle
“por Dios, esto no puede pasarme”
y sale presuroso y sin camisa.


Risas y nervios hablan de su estado
“es una enferma, no me dejo descansar,
¿qué cuento a mi mujer le voy a echar?”
me dice con cara de angustiado.


Le doy un jugo y se va con menos prisa
con paso lento y con gran preocupación
dejó el mercado, perdió su reputación
y se llevó puesta una apretada camisa.


La vida se pasa sin que se perciba muchas veces lo verdaderamente valioso, mientras se cae en las trampas del placer desenfrenado


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