EL MUNDO DE LOS APEGOS

Por: MARIA VICTORIA OSORIO ARDILA

El relato autobiográfico de la escritora, periodista y activista feminista estadounidense, Vivian Gornick, en su libro “Apegos Feroces, es sobrecogedor y encantador, esta historia es el reflejo de la realidad de aquellos aprecios intensos por algo o alguien. Es el retrato de múltiples relaciones familiares y sentimentales de ayer y de hoy.


Los apegos no pueden ser vistos de manera negativa, todo exceso sin duda, llegará a ser malo en determinado momento, pero es innegable que la vida esta sitiada de infinitos y variados apegos.
El primero de ellos el maternal, el hogar, la familia, los amigos, los lazos más cercanos y profundos, son aquellos que nos definen, los que están incrustados en la sangre y en los huesos, esos mismos apegos que nos persiguen y nos encuentran en los escondites más insospechados, los mismos que a veces enceguecen la razón, los apegos que diluyen las decisiones con ecuanimidad, los apegos infinitos o absorbentes.


La autora logra de manera virtuosa transportar al lector al Edificio que habitaban las mujeres de esta historia, arrancar sonrisas o lágrimas ante su excepcional narrativa y prosa, es una historia aparentemente cotidiana cargada de gran poder y reflexión.


En el libro, encontramos narraciones de dependencia en la relación entre madre e hija durante varias etapas de sus vidas, ante diversos acontecimientos que van surgiendo en el trasegar de una familia Judía instalada en Nueva York – Bronx, allí transcurren sus días y noches en una edificación rodeadas de diversos vecinos, estableciendo entre sí vínculos de amistad, empatía, solidaridad, donde también se desatan dramas, discusiones y miles de anécdotas que serán rememoradas por las protagonistas de esta historia, durante las frecuentes caminatas por la ciudad.


La Autora lográ aterrizar al lector y lo concientiza de sus apegos, nos recuerda que somos iguales, que somos humanos imperfectos, que por más que pasen los años, el cordón umbilical no desaparece, que estamos anclados a un núcleo, que nosotros construimos apegos con lugares, personas o cosas, algunos apegos fueron surgiendo durante el camino, otros de estos nos dominan de manera fuerte y feroz, otros simplemente están allí imperceptibles, existentes y devoradores.


Las caminatas por la ciudad, entre la hija y su madre de 80 años, es la saturación de momentos inolvidables que se repiten una y otra vez, les causa risa y algunas veces discusiones acaloradas, ellas se alejan, se acercan, se cuestionan entre sí, se preguntan cosas que nunca antes se habían atrevido a mencionar, se despiden y luego regresan al mismo lugar colmado de imágenes, personajes, diálogos interminables, al rincón de la memoria, regresan a todo lo que les une como un imán.


Vivian Gornick, también, aborda temas como el feminismo, las relaciones de pareja, el duelo insuperado, la infidelidad, las relaciones clandestinas, los fracasos, la escasa tolerancia ante la frustración y otros asuntos que hacen parte del diario vivir, situaciones que están allí latentes escondidos en las estanterías, entre los archivos de la memoria, aquellos recuerdos que en ocasiones se manifiestan y corren al exterior para gritar o reclamar, aunque no se logre conseguir nada diferente al sordo desahogo del alma.


Definitivamente, los apegos deben ser feroces, fuertes, si se quiere salvajes, sino dejarían de ser apegos, perderían su esencia y característica.
Seguramente la psicología y otras áreas se ocupan de analizar los apegos y sus consecuencias frente a la autoestima, la personalidad o el desarrollo, en algunas personas estarán más presentes y evidentes, en otros tal vez no.


También existe el término “desapego”, el otro extremo, el carente de afecto o de interés.


¿Que será peor, entonces?, pues al parecer ambos en exceso son un explosivo coctel. Lo cierto es, que todo en su justa medida es un complemento y el manejo adecuado del apego determinará el valor de las relaciones interpersonales que abundan y se manifiestan en cada edad.


Si el apego es amor o el amor es apego, si se pueden mezclar o confundir, entonces adquirirá total sentido aquello que expresó el escritor Colombiano Héctor Abad Faciolince, en el libro “El Olvido que Seremos”, al referirse al exceso de amor que él recibió de su padre, – al que recuerda con gratitud – otro apego feroz entre padre e hijo, narrado de manera excepcional por el escritor, que indudablemente se transformó en bienestar emocional, gracia y ejemplo.


En conclusión, los apegos en la mayoría de los casos generaran ganancias, en pocos casos pérdidas. Adicionalmente, tienen la virtud de edificar un cúmulo de recuerdos, un sinnúmero de momentos guardados en el álbum personal.


Deja un comentario


Descarga el escrito en PDF a continuación:


Sobre el Autor:

Otras Columnas:

Deja un comentario