YA NO SE CREE EN LA POLÍTICA

Por: Hazzam Gallego

«Ya no se cree en la política», una afirmación que refleja el profundo desencanto que ha ido en aumento en la sociedad. Pero, ¿qué significa realmente la política en su esencia más pura?


En su origen etimológico, la palabra «política» proviene del griego «politikos», que se refiere a los asuntos de la ciudad o la polis. La política, en su núcleo, es el arte y la ciencia de la organización de la sociedad, la toma de decisiones colectivas y la gestión de los asuntos públicos.


Sin embargo, a medida que el tiempo ha avanzado, la política ha perdido gran parte de su significado intrínseco. La percepción generalizada es que la política se ha convertido en un sinónimo de corrupción, nepotismo y deshonestidad. Se ha alejado de su propósito original, que es servir al bien común y garantizar el funcionamiento justo y eficiente de una sociedad.


El desencanto con la política no es injustificado. Los escándalos de corrupción, el abuso de poder y la desconexión entre los políticos y las necesidades reales de la ciudadanía han erosionado la confianza en las instituciones políticas. Los intereses partidistas y la lucha por el poder a menudo parecen prevalecer sobre el bienestar de la sociedad.


Sin embargo, es esencial recordar que la política, en su forma pura, sigue siendo una herramienta fundamental para la convivencia y el progreso de una sociedad. La democracia se basa en la participación política de los ciudadanos, en la toma de decisiones compartidas y en la supervisión de los líderes electos. La política, cuando se ejerce con integridad y responsabilidad, puede ser la fuerza motriz detrás del cambio positivo y la justicia social.


En lugar de rechazar por completa la política, debemos abogar por una renovación de sus valores fundamentales. Esto implica promover la transparencia, la rendición de cuentas y el servicio público auténtico. Significa desafiar la corrupción y el clientelismo, y abrazar líderes comprometidos con el bienestar de la sociedad en lugar de sus propios intereses.


La política no es solo un concepto que reside en los pasillos del poder o en los debates legislativos. La política es una parte intrínseca de nuestra vida cotidiana, se encuentra en la forma en que nos organizamos en casa, en la comunidad, en el trabajo y en la sociedad en su conjunto. Desde la elección de un líder de equipo en la oficina hasta la distribución de tareas en el hogar, la toma de decisiones colectivas y la gestión de asuntos públicos son elementos esenciales que reflejan la esencia de la política.
Entender que todos somos actores políticos en nuestras vidas diarias nos brinda la oportunidad de abogar por principios como la transparencia, la responsabilidad y el bienestar común. La política no debe ser vista como una realidad ajena a nosotros, sino como una herramienta que utilizamos para dar forma a nuestro entorno y nuestras relaciones. Al reconocer nuestro papel activo en la política diaria, podemos contribuir a una sociedad más justa y equitativa.


La política no es solo un asunto de líderes y legisladores, sino una parte integral de la vida de todos. Cada decisión que tomamos y cada forma en que nos organizamos refleja nuestra participación en el proceso político. Aprovechemos esta comprensión para promover valores éticos y participar en la construcción de una sociedad en la que la política, en su forma más auténtica, sirva al bienestar de todos.


Y aunque la política haya perdido parte de su brillo, no debemos renunciar a ella por completo. Más bien, debemos buscar una política más auténtica y servicial, una política que nos permita recuperar la fe en la capacidad de la sociedad para autorregularse y progresar. La política, en su esencia, es una herramienta poderosa, y es responsabilidad de la ciudadanía recuperar su significado más puro y real.


«Si perdemos la confianza en la política, permitimos que la corrupción y la inequidad prosperen.» – Hazzam Gallego


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