LAS MUJERES SOMOS MACHISTAS

De: Liza María Cobos Parra

Timbra el teléfono de Celia mientras lleva un bocado de comida a su boca. Contesta afanada, la señal del sector es intermitente por lo que al otro lado del teléfono no escuchan con claridad la voz de Celia diciendo: – Aló, aló. Ya estoy en la finca, llegué bien, fueron muchas horas de viaje.¿Cómo? No le entiendo bien pero ahí le dejé la comida, todo, en tazas para estos dos días, solo debe calentarlo. Hace una pausa y suspira hondo, con nostalgia – No me siento bien, me siguen doliendo las piernas – No le escucho nada, se come todo, cierra bien las puertas. Celia Cuelga el teléfono y continúa comiendo con preocupación en su rostro. Una de las mujeres sentada al costado derecho de Celia, pregunta: – ¿Era tu hijo? – Sí pero no le entendía nada, espero que me haya escuchado. -Tuve que dejarle las tres comidas de estos dos días en la nevera. El pobre no quería que viniera a este paseo, estaba molesto. La mujer al igual que Celia con su cara compungida responde: – también le deje la comida hecha a mi marido para poder venir, yo no quería venir por eso.


Escuchando atenta la conversación anterior, pensé: Las mujeres debemos empezar por abolir el machismo que nos ha impregnado. Es decir, somos machistas sin saberlo. Desde niñas fuimos creadas y formadas bajo un sistema social, cultural, educativo y familiar donde los hombres han reinado y la mujer ha estado para servir como Celia y muchas mujeres más que se sienten tristes al salir un día de casa, culpables por ir a una tarde de onces con sus amigas, malas madres y esposas por no atender a sus hijos varones y maridos mientras tiene la oportunidad de un paseo.


Durante el viaje, fue común ver a la mayoría de mujeres angustiadas sobre todo en las horas de alimentación. Comían con culpa, comían mientras sus maridos e hijos según ellas, estaban en casa sin poder hacer lo mismo. En la cena del primer día intervine, una madre regañaba a su hija por teléfono, comprendí que la hija había cenado y no le había dado a su hermano mayor, la madre estaba ofendida porque no le servía a su hermano, entonces de manera prudente le pregunté: – ¿Su hijo mayor tiene alguna dificultad para servirse solo la comida? La señora responde: – no, ninguna, pero es que mi hija tiene que servirle, y se hace la pendeja. Ante su respuesta le digo: No, no tiene que hacerlo a menos que el joven tenga alguna dificultad física o discapacidad para no valerse por sí mismo, de acuerdo a lo que usted me dice él está en capacidad de hacerlo, porque él a igual que su hija sintió apetito y puede calentar, servir y comer por sí solo, como lo hace un ser humano. Ante mi comentario varias mujeres acertaron y otras guardaron silencio. Este no es un conflicto propio de estas mujeres, las causas surgen de una realidad mundial, de años de historia y generaciones pasadas. La desigualdad entre hombres y mujeres en tanto a derechos y oportunidades a derivado en abuso, maltrato, violencia física, sexual, verbal, intelectual y económica permeados por la indiferencia directa o indirecta, así como de manera horrorosa, la complicidad de una sociedad dominada por varones. Frente a este escenario, para llegar a que hombres y mujeres gocen de los mismos derechos y se acojan a los mismos deberes, es importante que las mujeres iniciemos un proceso de deconstrucción. En otras palabras, deshacer lo construido; renacer como mujeres sin el molde machista. Al menos en principio, en estas prácticas y dinámicas de relacionarnos con nosotras mismas, con el entorno y con el mundo en general. Muchas mujeres somos Celia, nos dejamos de ultimas; preferimos no salir a vivir nuestra propia vida y realizarnos para no incomodar al Otro, en este caso al varón más cercano de nuestra casa, vivimos en constante culpa por ser y hacer algo para nosotras como: estudiar, comprar algo, salir de viaje, dormir, alimentarnos y cuidarnos. Porque parece que el mandato para la mujer es cuidar a otros/as y por encima de todo cuidar y alimentar al varón. La deconstrucción de la mujer desde su propia realidad y partiendo de sus relaciones primarias sin necesariamente estar en el escenario político impacta de manera significativa su postura frente al mundo. ¿Qué haría una mujer con el tiempo que le dedica a los quehaceres que también puede hacer un hombre? Creemos que la transformación como sociedad está acciones descomunales, pero olvidamos que las mujeres tenemos voz y en ella la fuerza para detener el látigo del machismo que nos azota.


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7 respuestas a “LAS MUJERES SOMOS MACHISTAS”

  1. Avatar de Mahecha Oswaldo
    Mahecha Oswaldo

    Es una de las mejores columnas… 👍

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  2. De acuerdo con lo que expones, nos responsabilizamos por las acciones que pueden llevar a cabo los hombres y los educamos de forma en que nosotras seamos las únicas que los maternen. Es difícil reestructurar nuestras creencias machistas pero lo bonito es que todos los días tenemos la oportunidad de transformarlas siendo conscientes de esto.

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    1. Gracias por tu lectura 🙂

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  3. Gracias Liza, admito tu talento para transmitir realidades y enseñanzas con sentido social a través de la escritura. Te seguiré leyendo. Éxitos!

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    1. Gracias por tu lectura. 🙂

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  4. Hola, tienes toda la razón la mujer desde muy niña es puesta en segundo plano, donde el hombre es la prioridad por las creencias que nos han inculcado nuestras madres, abuelas y demás mujeres en la familia, debemos romper estos ciclos y tratarnos como iguales. Me encanta tu columna 🙂

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    1. Gracias por leerme 🙂

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